Pidiendo con Sabiduría

Un día venía en una carretera de un pueblo a dos horas de mi casa y pude observar algo completamente extraño:
De un lado de la carretera habían varias parcelas de tierra sembradas, aradas y con abundante producción de frutos…
Del otro lado, parcelas completamente desiertas, sin plantas que produjesen frutos.

Conforme pasaba el tiempo, se aproximaba aceleradamente la lluvia hasta que empezó a llover.

De un lado podía ver como las plantas eran enriquecidas por el agua. Del otro lado, veía como la tierra se lavaba.

Esto instintivamente me hizo recordar un sueño que tuvo un faraón, el cual nadie podía revelar su interpretación sino solo una persona. Claro, me refiero a José “El Soñador” (conocido así por sus hermanos) o “El intérprete de Sueños” (llamado así por los gobernantes) y el sueño de las vacas flacas y vacas gordas.

Inmediatamente me puse a pensar que ese sueño del faraón y dicha experiencia en la carretera pueden aplicarse a nuestra vida como seguidores de Jesús. ¿Cómo así? Pues, en el tiempo de nuestras mayores, mejores y abundantes cosechas debemos aprender a ser PREVISORES (pre-visión/ver más allá de…) y ahorrar (en el ámbito económico) y almacenar una parte para un momento de crisis que pueda anunciar el momento de la llegada del tiempo de la prueba.

Si bien es cierto, confiamos en Dios y en que Él nos provea de muchas cosas; pero, en las mayoría de las veces, somos nosotros quienes debemos trabajar dura y arduamente para ganarnos nuestro sustento (Génesis 3:19 Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás).

También, recordé que meses antes venía en otra carretera la cual dividía en dos partes manzanas de sembradíos llenos de plantaciones. En esa ocasión también llovía. Pero esa vez, me puse a pensar en cuánto habían pedido y clamado a Dios los agricultores para que llegara la lluvia temprana y la tardía, a tiempo y que no fuera tan poca como para echar a perder la plantación y no fuera tanta como para echar a perder la tierra, las semillas y el esfuerzo de meses.

La pregunta ahora es:
“¿estamos orando y pidiendo a nuestro Padre Celestial por cosas en las cuales no estamos esforzándonos por obtener resultados o estamos orando y pidiendo SABIAMENTE para que sea beneficiado nosotros y aquellos que nos rodean y esforzándonos para obtener excelentes resultados?”

Antes de orar a Dios y pedirle algo, analicemos si nos conviene o no, si es necesario o no, si perjudica a los demás o no; pero sobre todo, si estamos dispuestos a luchar y esforzarnos al máximo y aún más por obtener nuestra petición.

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Chaz Chaz – Efrain Alvarado

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