Dios, la lluvia y yo…

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En estas semanas me he encontrado con algunas dificultades para poder redactar alguna nueva entrada.

He tenido que hacer “cambios y reajustes” a algunos aspectos personales.

También me encuentro leyendo un libro.

Todo esto me ha llevado a descuidarme un poco de mi blog.

Hoy les traigo una nota que les debía desde hace casi 15 días.

¿Te ha pasado alguna vez que te sientes como en un desierto espiritual y de la nada, escuchas alabanzas, una predicación (o sermón), lees un libro o simplemente alguien te da una palabra que cae “como anillo al dedo” y refresca tu alma y conforta tu espíritu y te da vida?

Por todo creyente es conocido que la gran mayoría, tenemos altos y bajos en nuestro caminar con Dios. Lo ideal es que sea una línea recta ascendente nuestra relación con Dios; pero, a veces, no siempre es así…

Bueno, algunas veces estamos en nuestro “verano” espiritual podemos ser llevados “al desierto” para que Dios examine nuestro corazón y para que nuestra carne muera…

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Otras veces, necesitamos ser “heridos” por el frío del invierno más duro que podamos resistir para poder ser fríos y tomar decisiones con mucha sabiduría.

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Otras veces, necesitamos pasar por el “otoño” de nuestras vidas y “arrojar” las hojas de nuestras imperfecciones, pecados y costumbres que nos hacen ser menos como Dios y nos alejan de Él.

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Pero que sucede en nuestra “primavera” espiritual?

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Si bien es cierto, no en todos los lugares del planeta se ven y viven las cuatro estaciones; pero, sabemos que existen y tienen un propósito para la vida y sobrevivencia del planeta y de muchos animales y plantas… ¡Hasta nuestra vida y existencia en la faz de la Tierra dependen de Dios y de las estaciones!

¿Qué te hace pensar que solo vivirás en verano, otoño, invierno o primavera?

Así como cada estación es temporal y cada problema o situación adversa es pasajera, es necesario que pasemos por ellas y aprendamos cada día de nuestras virtudes, fortalezas, defectos y debilidades.

En lo personal, me gusta mucho cuando llueve pues refresca mucho (sobre todo en el cálido país en el que vivo). A lo largo de este año he podido viajar dentro de mi país y conocer más de la gente y el campo.

Pero, ¿qué sucede cuando de la nada llueve aún cuando no fue pronosticado por algún meteorólogo?

Es una experiencia inexplicable cuando de la nada y sin previo aviso cae la lluvia y se mantiene cirniendo y lloviznando durante algunos días…

Pero al igual que en la vida cotidiana, esto suele suceder en medio de las cuatro estaciones espirituales antes mencionadas…

En mi caso, cada vez que llueve sin advertencia de meteorólogo o de alguna app de clima del smartphone, es solo el recordatorio que Dios la envía como pacto y promesa perpetua de lo escrito en las Escrituras:
-…”Temamos ahora a Jehová Dios nuestro, que da lluvia temprana y tardía en su tiempo, y nos guarda los tiempos establecidos de la siega.” Jeremías 5:24
-“Vosotros también, hijos de Sion, alegraos y gozaos en Jehová vuestro Dios; porque os ha dado la primera lluvia a su tiempo, y hará descender sobre vosotros lluvia temprana y tardía como al principio. Las eras se llenarán de trigo, y los lagares rebosarán de vino y aceite. Y os restituiré los años que comió la oruga, el saltón, el revoltón y la langosta, mi gran ejército que envié contra vosotros. Comeréis hasta saciaros, y alabaréis el nombre de Jehová vuestro Dios, el cual hizo maravillas con vosotros; y nunca jamás será mi pueblo avergonzado. Y conoceréis que en medio de Israel estoy yo, y que yo soy Jehová vuestro Dios, y no hay otro; y mi pueblo nunca jamás será avergonzado.” Joel 2:23-27

¡Esto me llena de mucha alegría! No solo por el hecho que Dios tiene control de TODO; sino, porque también envía la “lluvia” temprana y tardía… Sí, la lluvia espiritual que envía cada vez que alguno de sus hijos se arrepiente y aparta de sus errores y le sigue firme y fielmente.

Si te encuentras en el verano, que no desfallezca tu corazón; en otoño, que no te preocupe lo que pierdas; en invierno, no desmaye tu espíritu porque vendrá la primavera anunciando el brote de renuevos.

Y a pesar de tu situación, alaba a Dios en todo momento y encontrarás la fuerza que necesitas para salir vencedor en cada lucha y ora sin cesar ya que “la oración eficaz (del justo), tiene poder”. Sin importar si eres o no una persona justa, ora y vive buscando ser alguien justo.

Chaz Chaz – Efrain Alvarado

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