Mis historias de cumpleaños

Aunque este es un blog dedicado para escribir cosas positivas con enfoque Teocéntrico, me permitiré escribir algo más sobre mi vida, y lo haré relatando los dos mejores cumpleaños que he tenido en mí corta vida.

Mi primer mejor cumpleaños fue cuando cumplí mis doce años.

Recuerdo ese día precisamente porque estábamos viviendo una situación familiar y económica muy tensa y difícil y no alcanzaba para celebrarlo con pastel, pizza, carne asada (mi plato favorito) o pollo…

Ese año mamá hizo pedazos varios panes, los puso en un recipiente, le agregó unos dulces (en El Salvador, hay unos dulces que se llaman “Perlas” a los cuales me refiero en esta ocasión) y le agregó flan (caliente). Cuando se enfrió, lo metió a la refrigeradora (nevera en otros países). Esto lo hizo uno o dos días antes de mi cumpleaños.

Les comento que fue uno de mis mejores cumpleaños pues aprendí a valorar el esfuerzo, dedicación y afecto de los actos y no el regalo.

Mi segundo mejor cumpleaños fue hace pocos meses y que una persona muy querida me pudo dar.

Me pidió que nos viéramos a las 10am en un centro comercial mientras ella planeaba llegar a mi casa y darme una gran sorpresa.

Por circunstancias ajenas, no pudo llegar a mi casa y tuvimos que reunirnos a la hora y lugar citados.

Ella no podía pasar el día a mi lado debido a que ese día era el acto de graduación de dos de sus tías.

Almorzamos unos nachos con un “dip” y luego nos retiramos a nuestras casas.

Ella me regaló una caja con chocolates, una bolsa con frutos secos y una carta.

Nunca en mi vida alguien me había dado tantos obsequios en un día especial para mí.

Pero lo que lo hizo el segundo mejor cumpleaños fue que ella me dio el mejor regalo, algo intangible y que nunca puede pagarse o regresarse: ¡su tiempo!

Siempre que se aproxima una fecha especial en nuestras vidas, nos ponemos a pensar en los regalos y nos desenfocamos en que lo primordial es el tiempo junto a nuestros seres queridos.

Dios te regaló la vida este día y ¿cómo le has pagado ahora? El dio su vida por ti, ¿has valorado este gran regalo?

¡Los mejores regalos son aquellos que no podemos tocar!

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Chaz Chaz – Efrain Alvarado

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