Historia apócrifa de un padre pródigo

El día que decidí irme de la casa fue el inicio de una temporada muy dura. Al principio todo parecía irme muy bien, sin gritos ni peleas con mi esposa al llegar a casa y sin los incesantes llantos de nuestro hijo…

Poco a poco, las salidas nocturnas que me negaba a hacer por estar anclado a ellos fueron aumentando en cantidad y tiempo… Conocí amigos y chicas más jóvenes y atractivas… O bueno, eso creí…

Mientras más salía, más feliz me sentía. Pero vino un día en que la crisis económica golpeó fuertemente a las empresas para las cuales trabajaba y una a una fue reduciendo su paga hacia mi hasta el punto de llegar a ganar menos del salario mínimo… Fue duro, sobretodo porque desde muy joven me acostumbré a ganar dos veces salario mínimo por semana y a trabajar cuatro horas máximo en una empresa…

Gracias a Dios, desde pequeño tuve el hábito de ahorrar y fue así como me cambié de casa a una más barata mientras me salía un nuevo contrato laboral y mejor salario…

Fue duro entender que tantos “amigos” fueron oportunistas que estaban cerca de mi solo por interés…

Luego de algún tiempo, empecé a sentir el remordimiento de haber abandonado a mi hijo en un arranque de locura e ira; sin mencionar que su madre siempre me apoyó en cada uno de mis proyectos por muy disparatados que parecieran…

Llegó el momento más difícil: me embargaron absolutamente todo lo que tenía y me quedé en la calle… Sin abrigo, alimento y un techo para protegerme del frío o del sol…

Mientras más pasaba el tiempo, más se dolía mi corazón y me reprochaba el haber sido un tonto al haberme ido de mi casa: mi familia siempre me esperaba para cenar… Aún en medio de todas las cosas malas que sucedieran en la casa, tenía dos grandes razones por las cuales agradecer y estar feliz sin importar los problemas… Mi esposa y mi hijo que habían quedado desamparados al haberme ido seguramente me detestaban y odiaban…

Mi estómago hacía una continua e incesante serenata de extraños ruidos producto del hambre… Pasaba semanas sin probar algún bocado y me era muy duro pelearme con algún otro indigente por una pequeña porción de comida… “¡Desprecié todo por nada!” exclamé un día en medio de una fuerte tormenta la cual me mojó completamente pues no logré protegerme de ella, ni con cartón ni con bolsas plásticas pude cubrirme de la lluvia…

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“Dios, has mostrado muchas cosas en este tiempo… Si aún hallo favor en ti, si algo bueno hay en mi, permíteme regresar con mi familia; por favor, que me puedan recibir aunque sea como un indigente que espera un plato de comida, porque nada es más valioso que ellos… Sus risas y sus voces son el mejor alimento… Mi cuerpo sucio no es comparable a la inmundicia que hay en mi ser… Perdóname y ayúdame a ser perdonado por ellos, quienes un día ofendí y desamparé.. “

Esa fue una oración que hice cuando ya no podía más con esa carga…

Empecé a caminar hacia mi casa. De camino, encontré a uno de mis hermanos el cual al verme, empezó a llorar y me detuvo…

“Tu esposa ha estado preguntando por ti cada día y cada noche, sin cesar durante estos años en que te has perdido. Ven, vamos a mi casa; vamos, que hoy Dios nos ha reunido y tu tristeza no volverá más…”

No quería ir con él, pero su anormal insistencia solo fue una señal de Dios confirmando uno de mis miedos “¿cómo reaccionarán al verme?”…

Me bañé… Hacía años en que no usaba un jabón y que no usaba ropa limpia y en buen estado… Mi hermano, usado por Dios, aún me cortó el cabello que había crecido tanto y me llevó a mi casa…

Mi esposa, al verme de lejos, se inclinó a tierra y exclamó entre lágrimas de alegría “¡Dios bueno, Padre justo, Hijo del Altísimo; hoy has respondido las incesantes oraciones de cada día durante estos años… Mi esposo ha regresado a su casa, su hogar… Gracias por fortalecerme y por permitirme ver este día!”… Luego corrió hacia mi, me besó y me abrazó…

Mi hermano entró a mi casa y encontró a mi hijo ya convertido en un adolescente, llorando de alegría y orando en su cuarto pues nos había visto desde la segunda planta de la casa, la cual, por petición de mi madre, estaba a nombre de mi esposa y de mi hijo…

Ese día terminó una temporada difícil y dura, que no le deseo a nadie, e inició una nueva temporada, llena de alegría…

La vida y Dios se encargaron de enseñarme el valor de la familia y del amor verdadero…

Chaz Chaz – Efrain Alvarado

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