40 días: Jornada 19; Propósito 2.

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PROPOSITO # 2: USTED FUE FORMADO PARA LA FAMILIA DE DIOS.

“Yo soy la vid y ustedes los pámpanos… separados de mí ustedes nada pueden hacer”. Juan 15: 5 (Reina Valera Contemporanea).
“…Formamos un solo cuerpo en Cristo, y cada miembro está unido a los demás”. Romanos 12: 5 (RVC).

Día 19: Cultivando El Sentido De Comunidad.

“Y  se dedicaban continuamente a las enseñanzas de los apóstoles, a la comunión, al partimiento del pan y a la oración”. Hechos 2: 42 (Nueva Biblia Latinoamericana de Hoy).

Para tener comunidad se requiere compromiso. Sólo el Espíritu Santo puede crear la comunión genuina entre creyentes, pero El la cultiva por medio de las decisiones y los compromisos que hacemos. Pablo señala esta dualidad de responsabilidades cuando dice “Esforzándose por preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz.” (Efesios 4: 3/NBLD). El poder de Dios y nuestro esfuerzo son necesarios para producir una comunidad cristiana amorosa. 

El Nuevo Testamento está lleno de instrucciones acerca de cómo compartir la vida juntos. “Te escribo estas cosas, esperando ir a verte pronto, pero en caso que me tarde, te escribo para que sepas cómo debe conducirse uno en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios vivo, columna y sostén de la verdad” 1 Tomoteo 3: 14-15 (NBLH).

Si está cansado de la comunión superficial y le gustaría cultivar la comunión genuina y hacer de su grupo, o de su clase de escuela dominical, o de su iglesia una comunidad amorosa necesitará tomar unas decisiones difíciles y tomarse algunos riesgos. 

Para cultivar el sentido de comunidad se requiere la sinceridad. Tendrá que tener suficiente cariño como para confrontar amorosamente a otros con la verdad, aún cuando sería preferible pasar por alto un problema o ignorar un asunto. La mayoría de las personas no tienen a nadie en sus vidas que les tengan suficiente amor como para decirles la verdad (aún cuando esta sea dolorosa), y por tanto continúan en sus comportamientos autodestructivos. Muy a menudo sabemos qué es lo que se necesita que se le diga a alguien, pero nuestros temores nos impiden hacerlo. Muchos grupos han sido saboteados por el miedo: nadie en el grupo tuvo el valor de hablar cuando la vida de uno de sus miembros se estaba destruyendo.

La Biblia nos manda que hablemos la verdad en amor (Efesios 4:15) porque no podemos tener comunidad sin la franqueza. “Ama los labios del que da una respuesta correcta” Proverbios 24: 26 (paráfrasis). Algunas veces esto significa tener el cariño suficiente como para confrontar a alguien que está pecando o que está siendo tentado a pecar. “Hermanos, aun si alguien es sorprendido en alguna falta, ustedes que son espirituales, restáurenlo en un espíritu de mansedumbre, mirándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. Lleven los unos las cargas de los otros, y cumplan así la ley de Cristo (el Mesías)” Gálatas 6: 1-2 (NBLH).

Muchas iglesias y muchos grupos permanecen superficiales porque le tienen miedo al conflicto. Cuando surge un asunto que puede causar tensión o incomodidad, inmediatamente es pasado por alto para preservar un falso sentido de paz. Todos están conscientes del problema pero nadie lo menciona abiertamente. Esto crea un ambiente enfermizo de secretos que genera los chismes. La solución de Pablo fue muy directa “Por tanto, dejando a un lado la falsedad, HABLEN VERDAD CADA CUAL CON SU PROJIMO, porque somos miembros los unos de los otros.” Efesios 4: 25 (NBLH).

La comunión genuina, ya sea en un matrimonio, en una amistad o en su iglesia depende de la franqueza. De hecho, el túnel del conflicto es el conducto a la intimidad en cualquier relación. Hasta que le importe lo suficiente como para confrontar y resolver las barreras subyacentes, nunca profundizará su intimidad con otros. Cuando un conflicto es manejado correctamente, la intimidad con otros se profundiza al encarar y resolver las diferencias. “El que reprende al hombre hallará después más favor que el que lo lisonjea con la lengua” Proberbios 28: 13 (NBLH).

La franqueza no es una licencia para decir lo que quiera, dondequiera y cuando quiera. No es rudeza. La Biblia nos dice que hay un momento correcto y una manera correcta de hacer todo (Eclesiastés 8: 6). Decir palabras sin pensarlas deja heridas que perduran. Dios dice que nosotros que estamos en la iglesia nos hablemos entre nosotros como miembros amorosos de la familia: “No reprendas con dureza al anciano, sino, más bien, exhórtalo como a padre; a los más jóvenes, como a hermanos, a las ancianas, como a madres; a las más jóvenes, como a hermanas, con toda pureza” 1 Timoteo 5: 1-2 (NBLH).

Es triste, pero miles de grupos han sido destruidos por la falta de sinceridad. Pablo tuvo que regañar a la iglesia en Corinto por su pasivo código de silencio ya que permitieron la inmoralidad en su congregación (1 Corintios 5: 3-12)

Para cultivar el sentido de comunidad se requiere la humildad. Humildad en algunos paises se sinónimo de pobreza; sin embargo, esto no es así. Un rico pude ser humilde y un pobre puede ser orgulloso. La humildad tiene que ver más con el corazón (actitudes) y no con el poder adquisitivo (cuanto dinero tengo o no tengo). Creerse importante, el esnobismo y el orgullo obstinado destruyen la comunión más rápido que cualquier cosa. El orgullo edifica paredes entre personas; la humildad construye puentes. La humildad es el aceite que suaviza y calma las relaciones. La ropa apropiada para la comunión es la actitud humilde. “…Y todos, revístanse de humildad en su trato mutuo…” 1 Pedro 5: 5b (NBLH).

El resto del versículo dice “porque DIOS RESISTE A LOS SOBERBIOS, PERO DA GRACIA A LOS HUMILDES” (1 Pedro 5: 5c/NBLH). Esta es la otra razón por la que necesitamos ser humildes: el orgullo bloquea la gracia de Dios en nuestras vidas, la cual tenemos que tener para crecer, cambiar, sanarnos y ayudar a otros. Recibimos la gracia de Dios cuando humildemente admitimos que la necesitamos. La Biblia dice que cuando somos orgullosos, ¡estamos viviendo en oposición a Dios! Esa es una manera de vivir necia y peligrosa.

Puede desarrollar la humildad de maneras muy prácticas: admitiendo sus debilidades, siendo paciente con las debilidades de otros, aceptando la corrección y dejando que otros sean el centro de atención (Romanos 12: 16; Filipenses 2: 3-4).

La humildad no es pensar menos de usted mismo, es pensar menos en usted mismo. La humildad es pensar más en otros. Las personas humildes están tan concentradas en servir a otros que no piensan en sí mismas.

Para cultivar el sentido de comunidad se requiere la cortesía.  La cortesía es respetar nuestras diferencias, ser considerado con los sentimientos de otros y ser paciente con las personas que nos irritan (Romanos 15: 2; Tito 3: 2).

En cada iglesia y en cada grupo hay al menos una persona “difícil”, generalmente más de una. Estas personas pueden tener necesidades emocionales especiales, profundas inseguridades, manierismos irritantes o pocas habilidades sociales. Podría catalogar a ésta persona como un N.E.G. (“Necesita Extra Gracia”).

Dios puso a estas personas entre nosotros tanto para nuestro beneficio como para el de ellos. Son una oportunidad para crecer y para poner a prueba la comunión: ¿vamos a amarlos como hermanos y hermanas y tratarlos con dignidad?

En una familia, la aceptación está basada en el hecho de que nos pertenecemos los unos a los otros. Defendemos y protegemos a los de la familia. Puede que un miembro de la familia sea un poquito diferente, pero es uno de nosotros. “Sean afectuosos unos con otros con amor fraternal; con honra, dándose preferencia unos a otros” Romanos 12: 10 (NBLH).

La verdad es que todos tenemos nuestras propias manías y hábitos que molestan a otros. Pero el sentido de comunidad no tiene nada que ver con la compatibilidad. La base de nuestra comunión es nuestra relación con Dios: somos familia.

Una clave para ser cortés es entender el pasado de las personas. Descubra la historia de ellas. Cuando sepa por lo que han pasado, será más comprensivo. En vez de pensar cuánto les falta, piense en cuánto han avanzado a pesar de sus heridas. 

La comunidad genuina ocurre cuando las personas saben que tienen toda la seguridad que necesitan para que puedan compartir sus dudas y sus temores sin ser juzgados.

Para cultivar el sentido de comunidad se requiere la confidencialidad. Sólo en el ambiente seguro de la aceptación cálida y la confidencialidad segura es que las personas se abrirán y compartirán sus heridas, sus necesidades y sus errores más profundos. La confidencialidad significa que lo que es compartido en su grupo necesita quedarse en su grupo, y el grupo necesita ver qué puede hacer acerca de ello, no chismear con otros lo compartido.

Dios odia el chisme, especialmente cuando tratamos de pasarlo como una “petición de oración” por otros (Proverbios 16: 28). El chisme siempre causa heridas y divisiones y destruye la comunión, y Dios es muy franco que hemos de confrontar a aquellos que causan divisiones entre cristianos (Tito 3: 10). Si los confronta acerca de sus acciones divisivas, puede que se enojen y que dejen su grupo o su iglesia, pero el sentido de comunidad de la iglesia es más importante que cualquier individuo.

Para cultivar el sentido de comunidad se requiere la frecuencia. Tiene que tener contacto frecuente y habitual con su grupo para que pueda edificar la comunión genuina. Las relaciones toman tiempo.  Hemos de desarrollar el hábito de reunirnos. Un hábito es algo que se hace con frecuencia y no de vez en cuando. Tiene que pasar tiempo con las personas (mucho tiempo) para formar relaciones profundas. Por esto es que la comunión es muy superficial en muchas iglesias; no pasamos suficiente tiempo juntos, y el tiempo que pasamos es usualmente escuchando hablar a una persona. “No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otros , y mucho más al ver que el día se acerca” Hebreos 12: 25 (NBLH).

La comunidad no se edifica sobre la conveniencia sino sobre la convicción que la necesito para mi salud espiritual. Si quiere cultivar la comunión genuina, tendrá que reunirse aún cuando no siente ganas porque cree que es importante. ¡Lo primeros cristianos se reunían todos los días! (Hechos 2: 46). La comunión requiere una inversión de tiempo. 

Si es miembro de un grupo o una clase, lo insto a que haga un pacto de grupo que incluya las nueve características de la comunión bíblica: compartiremos nuestros verdaderos sentimientos (autenticidad), nos daremos ánimo los unos a los otros (mutualidad), nos apoyaremos unos a otros (simpatía), nos perdonaremos unos a otros (misericordia), hablaremos la verdad en amor (sinceridad), admitiremos nuestras debilidades (humildad), respetaremos nuestras diferencias (cortesía), no diremos chismes (confidencialidad) y tendremos al grupo como una prioridad (frecuencia).

Cuando mira la lista de características, es obvio por qué la comunión genuina es muy rara. Significa poner a un lado nuestro egocentrismo e independencia para que seamos interdependientes. Pero los beneficios de compartir la vida juntos superan grandemente los costos y nos prepara para el cielo.


Pensando En Mi Propósito.

Un Punto Para Reflexionar: Estar en comunidad requiere compromiso.

Versículo Para Recordar: “En esto conocemos el amor: en que El puso Su vida por nosotros. También nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos” 1 Juan 3: 16 (NBLH).

Pregunta Para Considerar: ¿Cómo puedo ayudar a cultivar las características de la comunidad genuina en mi grupo y en mi iglesia?


Sería de muchísima ayuda el que me ayuden a compartir estas entradas en sus redes o con un “rebloggear” para que muchas personas también puedan contestarse estas preguntas.

Chaz Chaz – Efraín Alvarado

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