40 días: Jornada 20, Propósito 2.

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PROPOSITO # 2: USTED FUE FORMADO PARA LA FAMILIA DE DIOS.

“Yo soy la vid y ustedes los pámpanos… separados de mí ustedes nada pueden hacer”. Juan 15: 5 (Reina Valera Contemporanea).
“…Formamos un solo cuerpo en Cristo, y cada miembro está unido a los demás”. Romanos 12: 5 (RVC).

Día 20: Restaurando La Comunión Rota.

“Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo con El mismo, no tomando en cuenta a los hombres sus transgresiones, y nos ha encomendado a nosotros la palabra de la reconciliación”. 2 Corintios 5: 18 (Nueva Biblia Latinoamericana de Hoy).

Siempre vale la pena restaurar las relaciones. Porque si de lo que se trata la vida es aprender a cómo amar, Dios quiere que valoremos las relaciones y que hagamos el esfuerzo de mantenerlas en vez de descartarlas cuando haya un rompimiento, una herida o un conflicto. De hecho, la Biblia nos dice que Dios nos ha dado el ministerio de restaurar relaciones (2 Corintios 5: 18). Por esta razón, gran parte del Nuevo Testamento es dedicado a enseñarnos a cómo llevarnos bien con otros. “Por tanto, si hay algún estímulo en Cristo, si hay algún consuelo de amor, si hay alguna comunión del Espíritu, si algún afecto y compasión, hagan completo mi gozo, siendo del mismo sentir, conservando el mismo amor, unidos en espíritu, dedicados a un mismo propósito” Filipenese 2: 1-2 (NBLH). Pablo enseñó que nuestra habilidad de llevarnos bien con otros es una marca de la madurez espiritual (Romanos 15: 5).

Ya que Cristo quiere que su familia sea conocida por el amor que nos tenemos (Juan 13: 35), la comunión rota es un testimonio deshonroso a los no creyentes. Por eso es que Pablo sentía mucha vergüenza que los miembros de la iglesia en Corinto se estaban dividiendo en facciones pleitistas e incluso se estaban citando a corte “Para vergüenza suya lo digo. ¿Acaso no hay entre ustedes algún hombre sabio que pueda juzgar entre sus hermanos…?” 1 Corintios 6: 5 (NBLH). El estaba asombrado que no había nadie con suficiente madurez para resolver el conflicto pacíficamente “Les ruego, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que todos se pongan de acuerdo (que hablen lo mismo), y que no haya divisiones entre ustedes, sino que estén enteramente unidos en un mismo sentir (de una misma mente) y en un mismo parecer” 1 Corintios 1: 10 (NBLH).

Si quiere la bendición de Dios en su vida y si quiere ser conocido como un hijo de Dios, tiene que aprender a ser un forjador de paz (Mateo 5: 9). Los forjadores de paz son raros porque forjar la paz es un trabajo difícil. 

Debido a que fue formado para ser parte de la familia de Dios y que el segundo propósito de su vida en la tierra es aprender a cómo amar y relacionarse con otros, una de las habilidades más importantes que puede desarrollar es cómo hacer la paz.

Forjar la paz no es evitar el conflicto. Jesús, el Príncipe de la Paz, nunca le tuvo miedo al conflicto. En ocasiones lo provocaba por el bien de todos. A veces necesitamos evitar el conflicto, a veces necesitamos crearlo y a veces necesitamos resolverlo. Por eso es que tenemos que pedir continuamente por la dirección del Espíritu Santo.

Que siempre cedamos, que nos dejemos pisotear y que permitamos que otros nos arrollen no es lo que Jesús tenía en mente. El rehusó ceder en muchos asuntos, manteniendo su posición en la presencia de una oposición malvada. 

Cómo Restaurar una Relación.

Como creyentes, Dios “nos reconcilió con El mismo por medio de Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación” (2 Corintios 5: 18/NBLH). Aquí tiene siete pasos bíblicos para restaurar la comunión:

Hable con Dios antes de hablar con la persona.  Si primero ora acerca de conflicto en lugar de ir y contárselo como chisme a un amigo, a menudo descubrirá que Dios o bien cambia su corazón o bien cambia a la otra persona sin su ayuda. Todas las relaciones serían más placenteras si tan solo orara más por ellas. 

Así como David hizo con sus salmos, así usted use la oración para desahogarse verticalmente. Dígale a Dios sus frustraciones. Ruegue a Dios. El nunca se sorprende o se molesta de su enojo, su herida, su inseguridad o de cualquier otra emoción. Por tanto dígale exactamente cómo se siente.

a mayoría de los conflictos tienen su raíz en necesidades que no han sido satisfechas. Algunas de estas necesidades sólo pueden ser satisfechas por Dios. Nadie puede satisfacer todas sus necesidades excepto Dios.

El apóstol Santiago apuntó que muchos de nuestros conflictos son causados por la falta de oración: “¿De dónde vienen las guerras y los conflictos entre ustedes? ¿No vienen de las pasiones que combaten en sus miembros? Ustedes codician y no tienen, por eso cometen homicidio. Son envidiosos y no pueden obtener, por eso combaten y hacen guerra. No tienen, porque no piden.” (Santiago 4: 1-2/NBLH). En lugar de depender de Dios, dependemos de otros para hacernos felices y después nos enojamos cuando nos fallan. Dios dice, “¿Por qué no vienes a mí primero?” 

Siempre tome la iniciativa. La expectación de Dios es que usted tome el primer paso. No espere que la otra persona lo haga. Usted vaya primero. Restaurar la comunión rota es tan importante que Jesús mandó que tuviera prioridad antes de la adoración del grupo: “Por tanto, si estás presentando tu ofrenda en el altar, y allí te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar, y ve, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda”. Mateo 5: 23-24 NBLH).

Cuando la comunión está lastimada o rota planee una conferencia de paz inmediatamente. Ponga en su agenda que tendrá una reunión cara a cara lo más pronto posible. La demora sólo profundiza el resentimiento y pone las cosas peor. Cuando hay un conflicto, el tiempo no sana nada; sólo causa que la herida se infecte más.

omar acción de inmediato también le reduce su daño espiritual. La Biblia dice que el pecado, incluyendo el conflicto que no ha sido resuelto, bloquea nuestra comunión con Dios y no permite que nuestras oraciones sean contestadas (1 Pedro 3: 7; Proverbios 28: 9), aparte de hacernos sentir miserables. A Job le recordaron sus amigos que estar extremadamente preocupado con el resentimiento es una tontería, es una insensatez; que solo se hace daño a uno mismo con tu enojo (Job 5: 2; 18: 4).

El éxito de una conferencia de paz muchas veces depende de escoger el lugar correcto y la hora oportuna.  El mejor momento es cuando ambos se sienten en un óptimo estado de ánimo. 

Simpatice con los sentimientos del otro. Use sus oídos más que su boca. Concéntrese en los sentimientos del otro, no en los hechos. Comience con la simpatía, no con las soluciones. “No buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás” Filipenses 2: 4 (NBLH).

Al principio no trate de evitar hablar acerca de cómo se siente la otra persona. Solo escuche y déjela desahogarse emocionalmente sin usted ponerse a la defensiva. Asienta con su cabeza que usted comprende aunque no esté de acuerdo. Los sentimientos no son siempre infalibles o lógicos. De hecho, el resentimiento nos hace actuar y pensar irracionalmente. Todos actuamos como bestias cuando estamos heridos. “Cuando mi corazón se llenó de amargura, Y en mi interior sentía punzadas, entonces era yo torpe y sin entendimiento; era como una bestia delante de Ti” Salmo 73: 21-22 (NBLH).

La paciencia viene de la sabiduría y la sabiduría viene de oír la perspectiva de otros. Lo que está diciendo al ponerse a escuchar es: “Valoro tu opinión, nuestra relación me interesa y eres importante para mí.” El dicho popular es verdadero: A las personas no les importa lo que sabemos, hasta que sepan que nos importan. “La discreción del hombre le hace lento para la ira, Y su gloria es pasar por alto una ofensa” Proverbios 19: 11 (NBLH)

Para restaurar la comunión tenemos que cargar “la carga” de ser considerados con las dudas y temores de otros… Complazcamos al otro y no a nosotros mismos y hagamos lo que es para su bien (Romanos 15: 2). Es un sacrificio absorber pacientemente el enojo de otros, especialmente si es sin razón. Pero recuerde, esto es lo que Jesús hizo por usted. El aguantó el enojo malicioso y sin fundamento para salvarle: “Pues ni aun Cristo se agradó a El mismo; antes bien, como está escrito: “LOS INSULTOS DE LOS QUE TE INJURIABAN CAYERON SOBRE MI.”” Romanos 15: 3 (NBLH).

Confiese su parte en el conflicto. Si quiere en serio restaurar una relación, debería de empezar con admitir sus propios errores o pecados.  Jesús dijo que esta es la manera de ver más claras las cosas: “…Saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás con claridad para sacar la mota del ojo de tu hermano.” Mateo 7: 5 (NBLH)

Ya que todos tenemos un punto ciego, puede que necesite pedirle a una tercera persona que le ayude a evaluar sus propias acciones antes de reunirse con la persona con quien tiene el conflicto. También pídale a Dios que le muestre cuánto del problema es su culpa. Pregunte, “¿Soy yo el problema? ¿Estoy siendo irrazonable, insensitivo o muy sensitivo?”. “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros” 1 Juan 1: 8 (NBLH).

La confesión es una herramienta poderosa para la reconciliación. Cuando empieza a admitir humildemente sus errores, neutraliza el enojo de la otra persona y desarma su ataque porque probablemente ella esperaba que usted estuviera a la defensiva. No se excuse ni eche la culpa; simplemente acepte cualquier papel que haya jugado en el conflicto. Acepte su responsabilidad por sus errores y pida perdón.

Ataque el problema, no la persona.  No puede resolver el problema si está obsesionado con echar la culpa. Nunca podrá comunicar su punto de vista si es cortante, por tanto escoja sus palabras sabiamente. Una respuesta suave es siempre mejor que una respuesta sarcástica (Proverbios 15: 1).

Para resolver conflictos, cómo lo dice es tan importante como qué dice. Si lo dice ofensivamente, será recibido defensivamente (Proverbios 16: 21). Ser fastidioso nunca funciona. Nunca será persuasivo si es abrasivo.

Por el bien de la comunión, tiene que destruir su arsenal de armas nucleares relacionales, tales como acusar, menospreciar, comparar, usar nombres ofensivos, insultar, hablar condescendientemente y ser sarcástico. “No salga de la boca de ustedes ninguna palabra mala (corrompida), sino sólo la que sea buena para edificación, según la necesidad del momento, para que imparta gracia a los que escuchan” Efesios 4: 29 (NBLH).

Coopere en lo más que pueda. La paz siempre tiene un precio. A veces nos cuesta nuestro orgullo; frecuentemente nos cuesta nuestro egocentrismo. Por el bien de la comunión, haga lo mejor que pueda para llegar a un arreglo, ajustarse a otros y mostrar preferencia por las necesidades del otro (Romanos 12: 1o, 18; Filipenses 2: 3; Mateo 5: 9).

Enfatice la reconciliación, no la resolución. o es realista esperar que todos estén de acuerdo con todo. La reconciliación lo enfoca en la relación mientras que la resolución lo enfoca en el problema. Cuando nos enfocamos en la reconciliación, el problema pierde su importancia y muchas veces se hace irrelevante.

Podemos reestablecer una relación aún cuando somos incapaces de resolver nuestras diferencias.  Un mismo diamante se ve diferente desde diferentes ángulos. La expectación de Dios es que haya unidad, no uniformidad, y podemos caminar juntos sin necesidad de que veamos cada asunto de la misma manera.

Haga una pausa en este momento, pregúntese ¿a quién necesita contactar? (no lo dude un segundo) y háblele a Dios acerca de esta persona. Después tome el teléfono y comience el proceso. Estos siete pasos son simples pero no son fáciles. Mucho esfuerzo es necesario para restaurar una relación. “APARTESE DEL MAL Y HAGA EL BIEN; BUSQUE LA PAZ Y SIGALA” 1 Pedro 3: 11 (NBLH).

Cuando trabaja por la paz, está haciendo lo que Dios haría. Por eso es que a los que hacen la paz, Dios los llama sus hijos. “Bienaventurados los que procuran la paz, pues ellos serán llamados hijos de Dios” Mateo 5: 9 (NBLH).


Pensando En Mi Propósito.

Un Punto Para Reflexionar: Siempre vale la pena restaurar las relaciones.

Versículo Para Recordar: “Si es posible, en cuanto de ustedes dependa, estén en paz con todos los hombres” Romanos 12: 18 (NBLH).

Pregunta Para Considerar: ¿Con quien necesito hoy restaurar una relación rota?


Sería de muchísima ayuda el que me ayuden a compartir estas entradas en sus redes o con un “rebloggear” para que muchas personas también puedan contestarse estas preguntas.

Chaz Chaz – Efraín Alvarado

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