40 días: Jornada 21, Propósito 2.

5461120-una-vida-con-proposito-libro-140528124532-phpapp01-thumbnail-4PROPOSITO # 2: USTED FUE FORMADO PARA LA FAMILIA DE DIOS.

“Yo soy la vid y ustedes los pámpanos… separados de mí ustedes nada pueden hacer”. Juan 15: 5 (Reina Valera Contemporanea).
“…Formamos un solo cuerpo en Cristo, y cada miembro está unido a los demás”. Romanos 12: 5 (RVC).

Día 21: Protegiendo Su Iglesia.

“Mantengan entre ustedes lazos de paz y permanezcan unidos en el mismo espíritu”. Efesios 4: 3 (Biblia Latinoamericana 1995).
“Por encima de esta vestidura pondrán como cinturón el amor, para que el conjunto sea perfecto”. Colosenses 3: 14 (BL).

Es su trabajo proteger la unidad de su iglesia. Dios desea profundamente que experimentemos unidad y armonía unos con otros. La unidad es el alma de la comunión. Si la destruye, le arranca el corazón al Cuerpo de Cristo. Es la esencia, el centro de cómo Dios quiere que experimentemos la vida juntos en su iglesia. El modelo supremo de la unidad para nosotros es la Trinidad. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo están completamente unificados como uno. Dios es el ejemplo supremo del amor que se sacrifica, de la concentración humilde en otros y de la armonía perfecta.

Al igual que todo padre de familia, nuestro Padre celestial se deleita en ver que sus hijos se llevan bien entre sí. En los momentos finales antes de su arresto, Jesús oró apasionadamente por nuestra unidad (Juan 17: 20-23). Nuestra unidad era lo que más ocupaba su mente durante esas horas de agonía. Eso demuestra qué tan importante es este tema.

No hay nada más valioso para Dios en esta tierra que Su iglesia. El pagó el precio más alto por ella y la quiere protegida, especialmente del daño destructor que es causado por la división, el conflicto y la falta de armonía. Si es parte de la familia de Dios, es su responsabilidad proteger la unidad de su grupo y de su congregación. Jesús le ha dado la comisión de hacer todo lo posible para preservar la unidad del grupo, proteger el grupo y promover la armonía en su familia eclesial y entre todos los creyentes (Efesios 4: 3). ¿Cómo debemos de hacer esto? La Biblia nos da consejos prácticos.

Concéntrese en lo que tiene en común con otros, no en las diferencias. Pablo nos dice: “Busquemos, pues, lo que contribuye a la paz y nos hace crecer juntos” (Romanos 14: 19/BL). Como creyentes tenemos en común a un Señor, un cuerpo, un propósito, un Padre, un Espíritu, una esperanza, una fe, un bautismo y un amor (Romanos 10: 12; 12: 4-5; 1 Corintios 1: 10; 8: 6; 12: 13; Efesios 4: 4; 5: 5 Filipenses 2: 2). Compartimos la misma salvación, la misma vida y el mismo futuro. Estos son los asuntos en que deberíamos de concentrarnos, no en nuestras diferencias. 

Tenemos que recordar que fue Dios el que escogió darnos diferentes personalidades, historias, razas y preferencias. Por tanto deberíamos de valorar y deleitarnos de esas diferencias y no meramente tolerarlas. Lo que Dios quiere es la unidad, no la uniformidad. Nunca debemos de dejar que las diferencias nos dividan. Tenemos que mantenernos concentrados en lo que más importa:  aprender a amarnos los unos a otros como Cristo nos ha amado y cumplir los cinco propósitos que Dios tiene para cada uno de nosotros y para Su iglesia.

En general, el conflicto es una señal que el enfoque se ha movido a asuntos menos importantes, a cosas que la Biblia llama “cuestiones necias” (Romanos 14: 1; 2 Timoteo 2:23). Si nos concentramos en amarnos los unos a los otros y en cumplir los propósitos de Dios, lo que resulta es la armonía. “Les ruego, hermanos, en nombre de Cristo Jesús, nuestro Señor, que se pongan todos de acuerdo y terminen con las divisiones, que encuentren un mismo modo de pensar y los mismos criterios” 1 Corintios 1: 10 (BL).

Sea realista con sus expectaciones. Tenemos que amar apasionadamente a la iglesia a pesar de sus imperfecciones. Anhelar el ideal mientras se critica negativamente lo actual es evidencia de inmadurez. Por otro lado, conformarse con lo actual sin tratar de alcanzar el ideal es complacencia. La madurez es vivir con esta tensión.

Otros creyentes lo van a desilusionar y a decepcionar, pero esta no es una excusa para dejar de tener comunión con ellos. Ellos son su familia, aún cuando ellos actúen como si no lo fuesen y no puede así por así abandonarlos. “Sean humildes y amables, sean comprensivos y sopórtense unos a otros con amor” Efesios 4: 2 (BL).

La gente se desilusiona con la iglesia por muchas razones entendibles. La lista podría ser bastante larga: conflicto, heridas, hipocresía, negligencia, mezquindad, legalismo y otros pecados. En lugar de asombrarnos y sorprendernos, tenemos que recordar que la iglesia está formada de verdaderos pecadores, incluyéndonos a nosotros mismos. Porque somos pecadores, nos herimos los unos a los otros, a veces intencionalmente y algunas veces sin querer. Pero en vez de dejar la iglesia, necesitamos quedarnos y resolver las cosas si es de algún modo. La reconciliación es el camino a un carácter más robusto y a una comunión más profunda. 

Separarse de su iglesia cuando ve la primera señal de decepción o desilusión es una marca de inmadurez. Dios tiene cosas que quiere enseñarle a usted y a otros también. Después de todo, no hay iglesia perfecta donde se pueda escapar. Cada iglesia tiene su propio conjunto de debilidades y problemas. Pronto se sentirá otra vez desilusionado.

Si una iglesia tiene que ser perfecta para que lo satisfaga, esa misma perfección lo excluiría a usted de su membresía, ¡porque usted no es perfecto! 

Cuanto más pronto abandonemos la ilusión que una iglesia tiene que ser perfecta para que la amemos, más pronto dejaremos de fingir y empezaremos a admitir que todos somos imperfectos y también necesitados de la gracia. Este es el comienzo de la comunidad genuina.

“Quien prefiere su propio sueño de comunidad más que la comunidad cristiana misma se convierte en un destructor de la comunidad cristiana… Debemos de dar gracias a Dios diariamente por la comunidad cristiana a la que pertenecemos, aún cuando no estemos teniendo una gran experiencia o no hayan riquezas que descubrir sino que más bien haya mucha debilidad, poca fe y dificultades; y si, al contrario, nos estamos quejando de que todo es anímico y trivial entonces estamos impidiendo que Dios haga crecer nuestra comunidad.”
Dietrich Bonhoeffer, Life Together [La Vida Juntos] (New York: HarperCollins, 1954).

Escoja alentar en vez de criticar. Dios nos advierte repetidamente que no nos critiquemos, no nos comparemos y que no nos juzguemos (Romanos 14: 13; Santiago 4: 11; Efesios 4: 29; Mateo 5: 9; Santiago 5: 9). Cuando critica lo que otro creyente está haciendo en fe y con convicción sincera, está interfiriendo en los asuntos de Dios: “¿Y quién eres tú para criticar al servidor de otro? Si se mantiene en pie o se cae es asunto de su patrón. Pero no se caerá, porque su Señor tiene poder para mantenerlo en pie” Romanos 14: 4 (BL).

Pablo agrega que no debemos de tomar la postura de juzgar o de actuar como si somos superiores a otros creyentes cuyas condiciones son diferentes a las nuestras: “Entonces tú, ¿por qué criticas a tu hermano? O ¿por qué lo desprecias? Todos hemos de comparecer ante el tribunal de Dios” Romanos 14: 10 (BL).

Cuando me pongo a juzgar a otro creyente, al instante ocurren cuatro cosas: pierdo mi comunión con Dios, expongo mi propio orgullo e inseguridad, me pongo en la posición de ser juzgado por Dios y daño la comunión de la iglesia. Un espíritu de crítica es un vicio costoso.

La Biblia llama a Satanás “el acusador de nuestros hermanos” (Apocalipsis 12:10). El trabajo de Satanás es acusar, quejarse y criticar a los miembros de la familia de Dios. Cada vez que hacemos lo mismo, estamos siendo embaucados en hacer el trabajo de Satanás en su lugar. Recuerde, otros cristianos, no importa cuanto esté en desacuerdo con ellos, no son el verdadero enemigo. El tiempo que pasamos comparando o criticando a otros cristianos es tiempo que debería de haber sido usado para edificar la unidad de nuestra comunidad (Romanos 14: 19).

Rehúse escuchar chismes. Chismosear es divulgar información cuando usted no es parte del problema ni parte de la solución. Usted sabe que decir chismes es malo pero tampoco debería de oírlos, si es que quiere proteger su iglesia. Escuchar chismes es como aceptar mercancía robada y eso lo hace igualmente culpable del crimen. 

Cuando alguien quiera contarle un chisme tenga el valor de decir, “Hágame el favor de parar. No necesito saber esto. ¿Ha hablado directamente con esa persona?” Las personas que le cuentan chismes a usted también contarán chismes acerca de usted. No se puede confiar en ellas. Si se pone a oír chismes, Dios dice que usted es una persona que causa problemas (Proverbios 17: 4; 16:28; 26: 20; 25: 9; 20:19). “En la actualidad éstos son los que causan divisiones, se mueven en lo humano y no tienen el Espíritu” Judas 1: 19 (BL)

Es triste que en el rebaño de Dios las peores heridas vienen de otras ovejas, no de los lobos. Pablo advirtió acerca de “cristianos caníbales” que “se devoran unos a otros” y que destruyen la comunidad (Gálatas 5: 15). La Biblia dice que esta clase de malhechores debería de ser evitada (Proverbios 20: 19).  La manera más rápida de acabar un conflicto en la iglesia o en un grupo es confrontar amorosamente a aquellos que andan diciendo chismes e insistir que dejen de hacerlo. Salomón señaló “Sin leña el fuego se apaga; sin chismoso la disputa se apacigua” (Proverbios 26: 20/BL).

Practique el método de Dios para resolver conflictos. Jesús dio a la iglesia un simple proceso de tres pasos: “Si tu hermano ha pecado, vete a hablar con él a solas para reprochárselo. Si te escucha, has ganado a tu hermano. Si no te escucha, toma contigo una o dos personas más, de modo que el caso se decida por la palabra de dos o tres testigos. Si se niega a escucharlos, informa a la asamblea (iglesia)…” Mateo 18: 15-17a (BL).

Durante un conflicto, es mejor que se vaya directamente a la persona con la que tiene el problema. Confrontar en privado es siempre el primer paso y lo debería de tomar tan pronto como sea posible. Si no es capaz de resolver las cosas entre los dos, el siguiente paso es traer a uno o dos testigos que ayuden a confirmar el problema y a reconciliar la relación. ¿Qué debería de hacer si la persona persiste en su obstinación? Jesús dice que presente el problema a la iglesia. Si la persona todavía rehúsa, aún después de esto, debería de tratar a la persona como un no creyente (Mateo 18: 17; 1 Corintios 5: 5).

Apoye a su pastor y a sus líderes. No hay líderes perfectos, pero Dios le da a los líderes la responsabilidad y la autoridad de mantener la unidad de la iglesia. Durante conflictos interpersonales hacer eso es un trabajo que nadie agradece. 

La Biblia es clara acerca de cómo hemos de relacionarnos con aquellos que nos sirven: “Obedezcan a sus dirigentes y estén sumisos, pues ellos se desvelan por sus almas, de las cuales deberán rendir cuenta. Ojalá esto sea para ellos motivo de alegría y no un peso, pues no les traería a ustedes ventaja de ninguna clase” (Hebreos 13: 17 /BL).

Un día los pastores estarán ante Dios y rendirán cuentas de qué tan bien velaron por usted. Pero usted también es responsable. Usted rendirá cuentas a Dios de qué tan bien siguió a sus líderes. 

La Biblia le da a los pastores instrucciones muy específicas sobre cómo deben tratar a las personas que causan divisiones en la comunidad. Ellos deben evitar argüir, deben de enseñar delicadamente a la oposición mientras oran que cambien, deben advertir a los que son argumentativos, deben rogar que haya armonía y unidad, deben reprender a los que son irrespetuosos con el liderazgo y deben remover de la iglesia a las personas que causan divisiones si ignoran dos amonestaciones (2 Timoteo 2: 14, 23-26; Filipenses 4: 2; Tito 2: 15-3: 2, 10-11).

Protegemos la comunidad cuando honramos a aquellos que nos sirven por medio del liderazgo. Los pastores y los ancianos necesitan nuestras oraciones, nuestro aliento, nuestro aprecio y nuestro amor. “Hermanos, les rogamos que se muestren agradecidos con los que trabajan para ustedes, los dirigen en el Señor y los corrigen. Ténganles mucho aprecio y cariño por lo que hacen. Y vivan en paz entre ustedes” 1 Tesalonicenses 5: 12-13 (BL).

Lo reto a que acepte su responsabilidad de proteger y promover la unidad de su iglesia. Ponga todo de su parte en ello, y Dios quedará complacido. No siempre será fácil. Algunas veces tendrá que hacer lo que más le conviene al Cuerpo, no a usted, demostrando así su preferencia por otros. Esta es una de las razones por la que Dios nos pone en una familia eclesial: para aprender a no ser egoístas. Cuando estamos en comunidad aprendemos a decir “nosotros” en lugar de “yo”, y “nuestro” en lugar de “mío”. “Que cada uno piense no en sí, sino en los demás” 1 Corintios 10: 24 (BL).

Dios bendice a las iglesias que son unidas. Cuando Dios tiene un montón de bebés creyentes que quiere dar a luz, El busca la iglesia incubadora más cálida que pueda encontrar. 

¿Qué está haciendo personalmente para que su familia eclesial sea más cálida y amorosa? Hay muchas personas en su ciudad que están buscando amor y un lugar donde pertenecer. La verdad es que todos necesitamos y queremos ser amados, y cuando la gente encuentra una iglesia donde los miembros genuinamente se aman y se cuidan unos a otros, se tendría que poner candados a las puertas para que la gente se mantenga alejada.


Pensando En Mi Propósito.

Un Punto Para Reflexionar: Es mi responsabilidad proteger la unidad de mi iglesia.

Versículo Para Recordar: “Busquemos, pues, lo que contribuye a la paz y nos hace crecer juntos” Romanos 14: 19 (BAD).

Pregunta Para Considerar: ¿Qué estoy haciendo personalmente para proteger la unidad de mi familia eclesial en este momento?


Sería de muchísima ayuda el que me ayuden a compartir estas entradas en sus redes o con un “rebloggear” para que muchas personas también puedan contestarse estas preguntas.

Chaz Chaz – Efraín Alvarado

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