Snarky Puppy – Alma

Chaz Chaz – Efrain Alvarado

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El gozo

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El gozo no es una respuesta natural a la vida, sino una respuesta sobrenatural a la vida. Es por eso que es un fruto del Espíritu y no de su personalidad. El gozo no es una reacción instintiva a sus circunstancias, sino es un momento milagroso en un mundo oscuro y moribundo cuando Su presencia es revelada a través de su vida. El gozo que usted experimenta y demuestra nace de una relación con Él.

Usted no fue creado para la depresión, o para demostrar un espíritu de crítica; usted no fue creado para el chisme o la amargura. Usted no fue creado para darle a su esposo el trato silencioso, para crear fricción en la iglesia o para gritarle con rabia a sus hijos. ¡Usted fue creado para el gozo!

¿Qué pasaría si en lugar de poner gasolina en el tanque de mi carro, decidiera ahorrar un poco de dinero y llenara el tanque con arena? No solo nunca llegaría a mi destino sino que también arruinaría el carro! Esta es también una imagen muy triste de lo que pasa cuando los cristianos viven sus vidas en depresión, ira o amargura. Usted nunca llegará a su destino en la vida.

Usted fue diseñado para ser un cristiano fructífero! Usted nunca dará el fruto para el cual fue diseñado dar a menos que pase tiempo con Jesús. Diariamente… todo el día simplemente sumérjase en quien Él es y todo lo que Él tiene para usted. Abone su vida con la Palabra de Dios, con adoración y oración. En la medida en que Jesús ocupe todo su ser será la medida en la que usted producirá gozo!

“Yo soy la vid y ustedes las ramas. El que permanece en mí, y yo en él, producirá mucho fruto, pues separados de mí, ustedes no pueden hacer nada.” Juan 15:5

“Está muy claro que las cosas que hace nuestra naturaleza carnal son: inmoralidad sexual, impureza, descontrol, idolatría, participar en brujerías, odio, discordia, celos, iras, rivalidades, peleas, divisiones, En cambio, el Espíritu produce amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. No existe ninguna ley en contra de esas cosas.”
Gálatas 5:19-20, 22-23 (Paráfrasis)


 

Autor: More Villalobos González

Chaz Chaz – Efraín Alvarado

El Misterio en mis brazos

Mi Otro Yo Oscuro

Algunas semanas después, salí a almorzar con algunos amigos… ese día me encontraba un poco indispuesto de salud y mi espalda pasaba ya la factura de tantas cosas ocurridas en los meses anteriores…

Mientras almorzabamos, una de las personas que se encontraban en la mesa se fijó en uno de mis brazos y me dijo:

-¿Es un remolino el que tienes en tu brazo?- refiriéndose al remolino de cabello que me había visto en el…

-¡Sí, lo es! Y no sólo está en ese brazo… también lo tengo en la misma ubicación en mi otro brazo, con dirección contraria al que has visto…-

-¿Ah?… ¿¿¿¿y eso significa algo???- preguntó otra persona que se encontraba en la misma mesa…

-La verdad, nunca me he puesto a indagar sobre el porqué de estos remolinos en mis brazos… Según decía mi difunta madre, nadie los ha tenido nunca en su familia; lo mismo es…

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Whitecap – Snarky Puppy

Les dejo otra canción que me gusta muchísimo. A diferencia de veces anteriores, esta banda difícilmente incluye voces y lírica en sus temas… Su música es un estilo de fusiones de Funk y otros ritmos, saliendo así de lo común a lo llamativo.

Chaz Chaz – Efrain Alvarado

40 días: Jornada 35; Propósito 4.

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PROPOSITO # 4: USTED FUE MOLDEADO PARA SERVIR A DIOS.

“Después de todo, ¿quién es Pablo, y quién es Apolos? Sólo servidores por medio de los cuales ustedes han creído, según lo que a cada uno le concedió el Señor. Yo sembré, y Apolos regó, pero el crecimiento lo ha dado Dios”. 1 Corintios 3: 5-6 (Reina Valera Contemporanea).

Día 35: El Poder De Dios En Su Debilidad.

“Aunque fue crucificado en debilidad, ahora vive por el poder de Dios. Nosotros también somos débiles, al igual que Cristo lo fue, pero, cuando tratemos con ustedes, estaremos vivos con él y tendremos el poder de Dios”. 2 Corintios 13: 4 (NTV).
“Cada vez él me dijo: «Mi gracia es todo lo que necesitas; mi poder actúa mejor en la debilidad»”. 2 Corintios 12: 9a (NTV).

La vida está supuesta a ser compartida. La intención de Dios para nosotros es que experimentemos de apoyo de un grupo que nos ofrece aliento y al que nos hacemos responsables.

Dios se deleita en usar a las personas débiles. Todos tenemos debilidades. De hecho, usted tiene su lista de defectos e imperfecciones físicas, emocionales, intelectuales y espirituales. Es probable que tenga circunstancias incontrolables que le debiliten, tales como limitaciones financieras o relacionales. El asunto más importante es qué hace con esas circunstancias. Usualmente negamos nuestras debilidades, las defendemos, las excusamos, las escondemos y las resentimos. Esto previene que Dios las use de la manera que El desea.

Dios tiene una perspectiva diferente de nuestras debilidades. El dice: “Mis pensamientos y mis caminos son más elevados que los de ustedes” (Isaías 55: 9) por tanto a menudo El actúa en maneras que son exactamente opuestas a las que esperamos. Pensamos que Dios sólo quiere usar nuestras fortalezas, pero El también quiere usar nuestras debilidades para su gloria.

La Biblia dice: “Dios escogió deliberadamente… lo que el mundo considera débil, para avergonzar a los fuertes” (1 Corintios 1: 27 ). Sus debilidades no son un accidente. Deliberadamente Dios las permitió en su vida con el propósito de demostrar Su poder a través de usted.

Dios nunca se ha impresionado con la fuerza o la autosuficiencia. De hecho, a El lo atraen personas que son débiles y que lo admiten. Jesús consideró este reconocimiento de nuestra necesidad, como ser “pobre en espíritu.” Es la actitud número uno que Dios bendice (Mateo 5: 3).

La Biblia está llena de ejemplos de cómo Dios se deleita en usar a personas imperfectas y ordinarias para hacer cosas extraordinarias a pesar de sus debilidades. Si Dios sólo usara a personas perfectas, nunca se haría nada porque ninguno de nosotros es sin defecto. El hecho que Dios usa a personas imperfectas es muy alentador para todos nosotros

Una debilidad, o “un aguijón,”como lo llamó Pablo (2 Corintios 12: 7), no se trata de un pecado o un vicio o un defecto de carácter que se puede cambiar como la gula o la impaciencia. Una debilidad es cualquier limitación que heredó o que no tiene poder para cambiar. Puede ser una limitación física, como un impedimento, una enfermedad crónica, tener una bajo nivel de energía nato o una discapacidad. Puede ser una limitación emocional, tal como la cicatriz de un trauma, una memoria dolorosa, una idiosincrasia de personalidad o una disposición hereditaria. O puede ser una limitación intelectual o de talentos. No todos somos super inteligentes o talentosos.

Cuando piensa en la limitación en su vida, quizá se sienta tentado a concluir, “Dios nunca podría usarme.” Pero Dios jamás es limitado por nuestras limitaciones. De hecho, El se deleita en poner Su gran poder en vasos ordinarios. La Biblia dice: “Somos como vasos de barro en los que este tesoro ha sido puesto. El poder verdadero viene de Dios y no de nosotros” (2 Corintios 4: 7). Como vasos de barro, somos frágiles, con defectos y nos quebramos fácilmente. Pero Dios nos usará si le permitimos que trabaje por medio de nuestras debilidades. Para que eso ocurra, tenemos que seguir el modelo de Pablo.

Admita sus debilidades. Acepte sus imperfecciones. Deje de pretender que lo tiene todo bajo control y sea franco con usted mismo. En lugar de vivir en negación o de dar excusas, tómese el tiempo para identificar sus debilidades personales. Quizá quiera hacerse una lista de ellas.

Dos grandes confesiones en el Nuevo Testamento ilustran lo que necesitamos para vivir saludablemente. La primera fue la de Pedro, quien dijo a Jesús: “Tú eres el Cristo, el hijo del Dios vivo” (Mateo 16:16). La segunda confesión fue la de Pablo, quien le dijo a una multitud que literalmente lo estaba adorando: “Sólo somos seres humanos como ustedes” (Hechos 14: 15). Si quiere que Dios lo use, tiene que saber quién es Dios y tiene que saber quién es usted. Muchos cristianos, especialmente los líderes, se olvidan de la segunda verdad: ¡Sólo somos humanos! Si es necesario que pase por una crisis para admitir esto, Dios no vacilará en permitirla porque El lo ama.

Conténtese con sus debilidades. Pablo dijo: “Estoy alegre de gloriarme en mis debilidades, para que el poder de Cristo trabaje por medio de mí. Como sé que todo es para el bien de Cristo, estoy muy contento con mis debilidades” (2 Corintios 12: 9-10a). A primera vista, esto no tiene sentido. Queremos ser libres de nuestras debilidades, ¡no estar contentos con ellas! Pero estar contento es una expresión de fe en la bondad de Dios. Lo que dice es, “Dios, creo que me amas y creo que sabes qué es lo mejor para mí.”

Pablo nos da varias razones para estar contentos con nuestras debilidades natas. Primero, nos causan que dependamos en Dios. Refiriéndose a su propia debilidad, la cual Dios rehusó quitarle, Pablo dijo: “Estoy muy feliz acerca del ‘aguijón’… porque cuando soy débil, entonces soy fuerte – mientras menos tenga, más dependo de Él” (2 Corintios 12: 10). Cuando sea que se sienta débil, Dios le está recordando que dependa de El.

Nuestras debilidades también nos previenen de la arrogancia. Nos mantienen humildes. Pablo dijo: “Para que nada se me subiera a la cabeza, se me dio un impedimento para mantenerme en constante contacto con mis limitaciones” (2 Corintios 12: 7). A menudo Dios junta una gran debilidad con una gran fortaleza para mantener nuestros egos bajo control. Una limitación puede actuar como un regulador para prevenirnos de que vayamos muy rápido y de que nos adelantemos a Dios.

Cuando Gedeón reclutó un ejército de 32,000 soldados para pelear contra los madianitas, Dios lo redujo a 300, haciendo las probabilidades de victoria 450 a 1 cuando fueron a pelear contra 135,000 soldados enemigos. Parecía ser un plan para el desastre, pero Dios lo hizo para que Israel supiera que fue el poder de Dios, no su propia fuerza, lo que lo salvó.

Nuestras debilidades también nos motivan a tener comunión con otros creyentes. Mientras que la fortaleza genera un espíritu independiente (“No necesito a nadie”), nuestras limitaciones muestran cuánto nos necesitamos los unos a otros. Cuando juntos entretejemos los hilos débiles de nuestras vidas, se crea una cuerda de gran fuerza.

“Los cristianos, como copos de nieve son frágiles; pero cuando se juntan pueden parar el tráfico.”
Vance Havner.

Más que todo, nuestras debilidades aumentan nuestra capacidad para sentir simpatía y para ministrar. Nos sentimos más inclinados a ser compasivos y considerados de las debilidades de otros. Dios quiere que tenga un ministerio que refleje a Cristo en la tierra. Esto significa que otras personas van a encontrar sanación por medio de las heridas que ha sufrido. Sus mensajes de vida más impactantes y su ministerio de más efectividad procederán de sus heridas más profundas. Las cosas que más lo apenan, las que más lo avergüenzan y las que más duda en compartir son las herramientas exactas que Dios puede usar más poderosamente para sanar a otros.

“Todos los gigantes de Dios eran personas débiles.”
Hudson Taylor.

La debilidad de Moisés era su enojo. Lo condujo a que matara a un egipcio, que golpeara la roca cuando estaba supuesto a sólo hablarle y que quebrara las tablas de los Diez Mandamientos. Sin embargo, Dios transformó a Moisés en el hombre más humilde de la tierra (Números 12: 3).

La debilidad de Gedeón era su poca autoestima y sus profundas inseguridades, pero Dios lo transformó en un hombre poderoso y valiente (Jueces 6: 12). La debilidad de Abraham era el temor. No una vez, sino dos veces, dijo que su esposa era su hermana para protegerse. Pero Dios transformó a Abraham en el padre de todos los que tienen fe (Romanos 4: 11). Impulsivo y de voluntad débil, Pedro se convirtió en “una roca” (Mateo 16:18); David, el adúltero, se convirtió en un hombre conforme al corazón de Dios (Hechos 13:22) y Juan, uno de los arrogantes “Hijos Del Trueno”se convirtió en el “Apóstol Del Amor.”

Y la lista podría continuar. “Tomaría mucho tiempo hablarles de las historias de fe de… Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y de todos los profetas… sus debilidades fueron convertidas en fortalezas” (Hebreos 11: 32-34). Dios se especializa en convertir debilidades en fortalezas. El quiere tomar su mayor debilidad y transformarla.

Comparta francamente sus debilidades. El ministerio comienza con la vulnerabilidad. Cuanto más baje su guardia, se quite su máscara y comparta sus luchas, Dios será más capaz de usarlo en servir a otros.

Pablo modeló la vulnerabilidad en todas sus cartas. El compartió abiertamente:

  • Sus fracasos: “Cuando quiero hacer el bien, no lo hago, y cuando trato de no hacer el mal, de todas maneras lo hago” (Romanos 7: 19).
  • Sus sentimientos: “Les he dicho todos mis sentimientos” (2 Corintios 6:11).
  • Sus frustraciones: “Fuimos aplastados y completamente abrumados y pensamos que nunca saldríamos vivos” ( 2 Corintios 1: 8).
  • Sus temores: “Cuando vine a ustedes, me sentía débil y atemorizado y tembloroso” (1 Corintios 2: 3).

Por supuesto que ser vulnerable es un riesgo. Puede ser aterrador bajar sus defensas y abrir su vida a otros. Cuando revela sus fracasos, sus sentimientos, sus frustraciones y sus temores, se está arriesgando a que lo rechacen. Pero los beneficios hacen que valga la pena arriesgarse. La vulnerabilidad es emocionalmente liberadora. Abrirse le quita el estrés, neutraliza sus temores y es el primer paso a la libertad.

Ya hemos visto que Dios “le da gracia al humilde,” pero muchos mal interpretan la humildad. La humildad no es menospreciarse a sí mismo o negar sus fortalezas; es ser franco acerca de sus debilidades. Cuanto más franco sea, más recibirá la gracia de Dios. Recibirá también de la gracia de otros. La vulnerabilidad es una cualidad que atrae; nos sentimos atraídos naturalmente a personas humildes. La pretensión repele pero la autenticidad atrae, y la vulnerabilidad es el camino a la intimidad.

Por eso es que Dios quiere usar sus debilidades, no sólo sus fortalezas. Si todo lo que la gente ve son sus fortalezas, se desanimarán y pensarán, “Bueno, eso está bien para él, pero yo nunca seré capaz de hacer eso.” Pero cuando ven a Dios usándolo a pesar de sus debilidades, los anima a pensar, “¡Tal vez Dios puede usarme!” Nuestras fortalezas crean competencia, pero nuestras debilidades crean comunidad.

Va a llegar un momento en su vida en que tendrá que decidir si quiere impresionar a las personas o las quiere influenciar. Puede impresionar a las personas desde la distancia; pero tiene que acercárseles para influenciarlas, y cuando haga eso, podrán ver sus defectos. Y eso está bien. La cualidad esencial para el liderazgo no es la perfección sino la credibilidad. Las personas tienen que ser capaces de confiar en usted o no lo seguirán. ¿Cómo puede aumentar su credibilidad? No pretendiendo ser perfecto sino siendo franco. 

Gloríese de sus debilidades. Pablo dijo: “Voy a gloriarme sólo de lo débil que soy y de qué tan grande que es Dios para usar tanta debilidad para su gloria” (2 Corintios 12: 5b). En lugar de proyectarse como una persona segura de sí misma e invencible, véase como un trofeo de la gracia de Dios. Cuando Satanás le apunte sus debilidades, no lo contradiga sino que llene su corazón de alabanza para Jesús, que “entiende cada debilidad de nosotros” (Hebreos 4: 1a) y para el Espíritu Santo, que nos “ayuda en nuestras debilidades” (Romanos 8:26a).

Algunas veces, sin embargo, Dios convierte una fortaleza en una debilidad para usarnos aún más. Jacob era un manipulador que se pasó haciendo tramas y después huía de las consecuencias. Una noche luchó con Dios y le dijo, “No te dejaré ir hasta que me bendigas.” Dios dijo, “Está bien,” pero después agarró el músculo de Jacob y le dislocó su cadera. ¿Cuál es el significado de eso?

Dios tocó la fuerza de Jacob (el músculo del muslo es el más fuerte del cuerpo) y lo convirtió en una debilidad. Desde ese día en adelante, Jacob caminó cojeando de manera que nunca más se correría de nada. Lo forzó a depender en Dios le gustara o no. Si quiere que Dios lo bendiga y lo use grandemente, tiene que estar dispuesto a caminar cojeando por el resto de su vida, porque Dios usa a personas débiles.


Pensando En Mi Propósito.

Un Punto Para Reflexionar: Dios trabaja mejor cuando admito mi debilidad.

Versículo Para Recordar: “Cada vez él me dijo: «Mi gracia es todo lo que necesitas; mi poder actúa mejor en la debilidad»” 2Corintios 12: 9a (NTV).

Pregunta Para Considerar: ¿Estoy limitando el poder de Dios en mi vida al tratar de esconder mis debilidades? ¿En qué necesito ser transparente para que pueda ayudar a otros?


Sería de muchísima ayuda el que me ayuden a compartir estas entradas en sus redes o con un “rebloggear” para que muchas personas también puedan contestarse estas preguntas.

Chaz Chaz – Efraín Alvarado

40 días: Jornada 34; Propósito 4.

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PROPOSITO # 4: USTED FUE MOLDEADO PARA SERVIR A DIOS.

“Después de todo, ¿quién es Pablo, y quién es Apolos? Sólo servidores por medio de los cuales ustedes han creído, según lo que a cada uno le concedió el Señor. Yo sembré, y Apolos regó, pero el crecimiento lo ha dado Dios”. 1 Corintios 3: 5-6 (Reina Valera Contemporanea).

Día 34: Pensando Como Un Siervo.

“En cambio, a mi siervo Caleb, que ha mostrado una actitud diferente y me ha sido fiel, le daré posesión de la tierra que exploró, y su descendencia la heredará.”. Números 14: 24 (NVI).
“La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús”. Filipenses 2: 5 (NVI).

El servicio empieza en su mente. Ser siervo requiere un cambio mental, un cambio en sus actitudes. Dios siempre está más interesado en por qué hacemos algo que en lo que hacemos. Las actitudes cuentan más que los logros. El rey Amasías perdió el favor de Dios porque “él hizo lo correcto en los ojos del Señor, pero no con un verdadero corazón” (2 Crónicas 25: 2). Los siervos genuinos sirven a Dios con una mentalidad que tiene cinco actitudes.

Los siervos piensan más en otros que en sí mismos. Los siervos se enfocan en otros, no en ellos mismos. Esta es la verdadera humildad: no que pensemos menos de nosotros mismos sino que pensemos menos en nosotros mismos. Se olvidan de sí mismos. Pablo dijo: “Olvídense de ustedes mismos por un tiempo para que extiendan una mano ayudadora” (Filipenses 2: 4). Esto es lo que significa “perder la vida”: olvidarse de usted mismo en el servicio de otros. Cuando dejamos de enfocarnos en nuestras propias necesidades, nos hacemos conscientes de las necesidades a nuestro alrededor.

Jesús “se vació de sí mismo al tomar la forma de un siervo” (Filipenses 2: 7). ¿Cuándo fue la última vez que usted se vació de usted mismo para el beneficio de otro? No puede ser un siervo si está lleno de sí mismo. Es sólo cuando nos olvidamos de nosotros mismos que hacemos las cosas que merecen ser recordadas.

Desgraciadamente, bastante del servicio que hacemos es a menudo para servirnos a nosotros mismos. Servimos para hacer que le gustemos a otros, para ser admirados o para lograr nuestras metas. Eso es manipulación, no ministerio. Mientras servimos así, lo que hacemos en realidad es sólo pensar en nosotros mismos todo el tiempo, qué noble y qué maravillosos que somos. Algunas personas tratan de usar su servicio como un instrumento para hacer tratos con Dios: “Dios, haré esto por ti, si haces esto por mí.” Los siervos genuinos no tratan de usar a Dios para sus propios propósitos. Dejan que Dios los use para Sus propósitos.

Esta capacidad de olvidarnos de nosotros mismos, como la fidelidad, es extremadamente rara. De todas las personas que Pablo conocía, Timoteo fue el único ejemplo que Pablo podía dar (Filipenses 2: 20-21). Pensar como siervo es difícil porque reta el problema básico de mi vida: soy, por naturaleza, egoísta. En lo que más pienso es yo. Por eso es que la humildad es una lucha diaria, una lección que tengo que aprender una y otra vez. Las oportunidades de ser siervo me confrontan docenas de veces al día, en las que se me da la escogencia de decidir entre satisfacer mis necesidades o las necesidades de otros. Negarse a uno mismo es el centro de lo que significa ser un siervo.

Podemos medir nuestro corazón de siervo por medio de cómo respondemos cuando otros nos tratan como siervos. ¿Cómo reacciona cuando lo ignoran o le dan órdenes o lo tratan como inferior? La Biblia dice: “Si alguien se aprovecha injustamente de ustedes, usen la ocasión para practicar la vida de siervo” (Mateo 5: 41).

Los siervos piensan como administradores, no como dueños. Los siervos recuerdan que Dios es el dueño de todo. En la Biblia, un mayordomo era un siervo encargado de administrar toda una hacienda. José fue esa clase de siervo cuando era prisionero en Egipto. Potifar puso a José encargado de toda su casa. Después el carcelero puso a José encargado de la cárcel. Eventualmente el faraón puso a José encargado de toda la nación. El servicio y la administración van juntos (1 Corintios 4: 1), ya que Dios tiene la expectación de que seamos dignos de confianza en ambos. La Biblia dice: “La cosa más importante que se requiere de tales siervos es que sean fieles a su dueño” (1 Corintios 4: 2) ¿Cómo está administrando los recursos que Dios le ha encargado?

Para hacerse un siervo genuino tendrá que resolver el asunto del dinero en su vida. Jesús dijo: “Ningún siervo puede servir a dos señores… no puede servir a Dios y al Dinero” (Lucas 16: 13). El no dijo, “No debería” sino que “No puede.” Es imposible. Vivir para el ministerio y vivir para el dinero son dos metas que se excluyen mutuamente. ¿Cuál va a escoger? Si es un siervo de Dios, no puede pasarse todo su tiempo ganando dinero. Todo su tiempo le pertenece a Dios. El insiste en una lealtad exclusiva, no en una fidelidad parcial.

El dinero tiene el mayor potencial de reemplazar a Dios en su vida. Más personas son desviadas del servicio por el materialismo que por un ninguna otra cosa. Dicen, “Después que logre mis metas financieras, voy a servir a Dios.” Esta es una absurda decisión que la mentarán por la eternidad. Cuando Jesús es su Señor, el dinero es su siervo, pero si el dinero es su Señor, se hace su esclavo. La riqueza ciertamente no es pecado, pero fallar en usarla para la gloria de Dios sí lo es. Los siervos de Dios siempre están más preocupados por el ministerio que por el dinero.

La Biblia es muy clara: Dios usa el dinero para probar su fidelidad como siervo. Por eso es que Jesús habló más del dinero que del cielo o del infierno. Él dijo, “Si no han sido dignos de confianza en el uso de las riquezas del mundo, ¿quién confiará en ustedes con las verdaderas riquezas? (Lucas 16:11) Cómo administra su dinero afecta cuánto Dios bendice su vida.

Los Edificadores de Riquezas continúan amasando riquezas para ellos mismos no importa cuanto ganen; pero los Edificadores del Reino cambian las reglas del juego. Siguen tratando de hacer todo el dinero que puedan, pero lo hacen para compartirlo. Usan sus riquezas para financiar la iglesia de Dios y su misión en el mundo.

Los siervos piensan en su trabajo, no en lo que otros están haciendo. No se comparan, critican o compiten con otros siervos o ministerios. Están demasiado ocupados haciendo el trabajo que Dios les ha dado.

La competencia entre los siervos de Dios es ilógica por muchas razones: todos estamos en el mismo equipo; nuestra meta es que Dios se vea bien, no nosotros mismos; hemos sido dados diferentes tareas; y todos hemos sido moldeados de una manera única. Pablo dijo: “No nos compararemos a otros como si uno de nosotros fuera mejor y el otro peor. Tenemos cosas muchísimas más interesantes que hacer con nuestras vidas. Cada uno de nosotros es un original”  (Gálatas 5: 26).

No hay lugar para celos infantiles entre los siervos. Cuando está ocupado sirviendo, no tiene tiempo para criticar. Todo el tiempo usado en criticar a otros es tiempo que puede ser usado para ministrar. Cuando Marta se quejó a Jesús que María no le estaba ayudando con su trabajo, perdió su corazón de sierva. Los siervos genuinos no se quejan de lo inmerecido, no se llenan de autocompasión y no se resienten de aquellos que no quieren servir. Simplemente confían en Dios y siguen sirviendo.

No es nuestro trabajo evaluar a otros siervos del Señor. La Biblia dice “¿Quién eres tú para criticar el siervo de otro? El Señor determinará si su siervo ha sido exitoso” (Romanos 14: 4). Tampoco es nuestro trabajo defendernos de la crítica. Deje que su Señor maneje eso. Siga el ejemplo de Moisés, que mostró verdadera humildad ante su oposición, así como también lo hizo Nehemías, cuya respuesta a sus críticos fue simplemente: “Mi trabajo es demasiado importante para que lo pare ahora y… que los visite” (Nehemías 6: 3).

Si sirve como Jesús, puede esperar ser criticado. El mundo, e incluso gran parte de la iglesia, no entiende lo que Dios valora. Uno de los actos de amor más bellos demostrado a Jesús fue criticado por los discípulos. María tomó la cosa más valiosa que poseía, un perfume caro, y lo derramó sobre Jesús. Su servicio extravagante fue llamado “un desperdicio” por los discípulos, pero Jesús lo llamó “significativo” (Mateo 26: 10) y eso era todo lo que importaba. Su servicio para Cristo nunca es desperdiciado, no importa lo que otros digan.

Los siervos basan su identidad en Cristo. Porque recuerdan que son amados y aceptados mediante la gracia, los siervos no tienen que probar lo que valen. Voluntariamente aceptan trabajos que gente insegura consideraría debajo de la dignidad de ellos. Uno de los ejemplos más profundos de servir con un autoconcepto seguro es cuando Jesús le lavó los pies a sus discípulos. Lavar los pies era el equivalente a ser un lustradador de zapatos, un trabajo sin status. Pero Jesús sabía quién era y por lo tanto, ese trabajo no afectó su concepto de sí mismo. La Biblia dice: “Jesús sabía que el Padre había puesto todas las cosas bajo su poder, y que había venido de Dios… entonces se levantó de la cena, se quitó su manto y se ciñó una toalla a la cintura” (Juan 13: 3-4).

Si va a ser un siervo, tiene que consolidar su identidad en Cristo. Sólo las personas seguras de sí mismas pueden servir. Las personas inseguras siempre andan preocupadas de cómo lucen a otros. Temen que se descubrirán sus debilidades y se esconden bajo capas de orgullo protectivo y de pretensiones. Cuanto más inseguro sea, más querrá que otros le sirvan y más necesitará la aprobación de otros.

“Para que podamos servir a otros, tenemos que morir a ellos; esto es, tenemos que dejar de medir nuestro significado y valor con la regla de medir de otros… así nos hacemos libres para ser compasivos.”
Henri Nouwen.

Cuando basa su valor y su identidad en su relación con Cristo, es libre de las expectaciones de otros, y eso le permite verdaderamente servirlos mejor.

Los siervos no necesitan cubrir las paredes de su casa con placas y premios para validar su trabajo. No insisten en que sean llamados por títulos, y no se cubren con túnicas de superioridad. Los siervos encuentran los símbolos de status innecesarios, y no miden su valor por sus logros. “Puede que se alaben, pero la única aprobación que cuenta es la aprobación del Señor” (2 Corintios 10: 18).

Si alguien tuvo la oportunidad en su vida de hacer alarde de sus conexiones y de mencionar nombres, fue Santiago, el medio hermano de Jesús. El tenía las credenciales de haber crecido con Jesús como su hermano. Sin embargo, en la introducción de su carta, el simplemente se refirió a sí mismo como “un siervo de Dios y del Señor Jesucristo” (Santiago 1: 1). Cuanto más íntimo sea con Jesús, menos necesitará promocionarse.

Los siervos piensan en el ministerio como una oportunidad, no como una obligación. Disfrutan de ayudar a las personas, de satisfacer necesidades y de hacer su ministerio. Sirven al Señor con gozo (Salmo 100: 2). ¿Por qué sirven con gozo? Porque aman al Señor, porque están agradecidos por su gracia, porque saben que servir es el mejor uso de la vida y porque saben que Dios ha prometido una recompensa. Jesús prometió, “El Padre honrará y recompensará al que me sirva” (Juan 12:26). Pablo dijo: “El no olvidará lo duro que han trabajado por él y cómo han mostrado a él su amor al cuidar de otros cristianos” (Hebreos 6: 10).

Imagínese qué pasaría si tan sólo 10 por ciento de todos los cristianos en el mundo tomaran en serio su papel de siervos genuinos. Imagínese todo el bien que se podría hacer. ¿Está dispuesto a ser una de estas personas? No importa cuál sea su edad, Dios lo usará si empieza a actuar y a pensar como un siervo.

“Las únicas personas felices son aquellas que han aprendido a cómo servir.”
Albert Schweitzer.

Pensando En Mi Propósito.

Un Punto Para Reflexionar: Para ser un siervo tengo que pensar como un siervo.

Versículo Para Recordar: “La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús” Filipenses 2: 5 (NVI).

Pregunta Para Considerar: ¿Estoy generalmente más interesado en ser servido que en encontrar maneras de servir a otros?


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Chaz Chaz – Efraín Alvarado

Aprender de un dolor de muelas


<<Cuando era niño, solía tener dolor de muelas -escribió C. S. Lewis en su clásico libro “Mero Cristianismo“-, y sabía que si se lo decía a mi madre, ella me daría algo que calmara el dolor durante esa noche para que me pudiera dormir. Pero no recurría a ella… al menos, no hasta que el dolor era muy fuerte […].

Sabía que, al día siguiente, me llevaría al dentista […]. Yo quería que mi dolor se aliviara de inmediato, pero no podía conseguirlo hasta que me arreglaran el diente en forma permanente>>.

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Nuevamente he citado textualmente el libro Nuestro Pan Diario y el devocional correspondiente al día  8 de Junio de 2016, conservando su título.

De esta historia me llamó mucho la atención una interrogante que me hice yo mismo:

“¿Cuántas veces he padecido algo conociendo la causa y no hago nada para erradicar completamente lo que causa el dolor?”

Considero que el ejemplo de C. S. Lewis nos ilustra mejor la decisión que por miedo, muchas veces producido por algún posible dolor, tardamos en tomar y la abordamos hasta que el simple dolor de muelas se ha convertido en una caries.

Reflexionemos lo siguiente:

“¿Estamos dispuestos a padecer un dolor de un breve momento y sacar de nosotros aquello que lo provoca; o estamos dispuestos a negar arrancar de nuestras vidas aquello que nos impide crecer sanamente?”

Les dejo esa pregunta en el aire para que ustedes mismos se respondan.

Chaz Chaz – Efraín Alvarado

Te presento a Shrek


Shrek era una oveja desertora. Se alejó de su rebaño y estuvo perdida durante seis años. La persona que la encontró viviendo en una cueva enun lugar muy alto y escarpado de Nueva Zelanda, no se dio cuenta de que era una oveja.

<<Parecía una especie de bestia bíblica>>, declaró. En cierto modo, lo era. Shrek era un cuadro de lo que sucede a las ovejas que se separan de su pastor.

Tuvieron que bajarla de la montaña, porque tenía la lana tan larga y pesada (27 kilos) que no podía caminar sin ayuda. Para alviarla del peso de su rebeldía, la colgaron cabeza abajo, para quese quedara quieta y no se lastimara cuando el esquilador le cortaba el pesado vellón.

La historia de Shrek ilustra la metáfora que utilizó Jesús cuando se autodenominó el Buen Pastor (Juan 10:11), y cuando Dios se refirió a su pueblo como sus ovejas (Ezequiel 34:31).

Tal como Shrek, no tomamos buenas decisiones cuando lo hacemos a solas , y el peso de las consecuencias nos aplasta (Ezequiel 33:10). Para aliviar ese peso, tal vez tengamos que caer de espaldas durante un tiempo. Y, cuando terminamos n esta posición, es bueno permanecer quietos y confiar en que el Buen Pastor hará su obra sin lastimarnos.

shrek


Citado textualmente todo el escrito de Nuestro Pan Diario manteniendo el título original, devocional correspondiente al día 15 de Junio de 2016.

Espero esta breve lectura nos pueda enseñar muchas cosas.


Quiero pedir las disculpas del caso porque últimamente no he estado muy al pendiente del blog debido a falta de tiempo… pero ya regresaré por aquí en unos breves días.

También quiero comentar que ya terminé la lectura del libro “Una vida con propósito”, el cual es la serie de 40 días; pero, por la misma falta de tiempo se me ha hecho un poco complicado redactar las 7 entradas que quedan pendientes.

Al mismo tiempo quiero recordarles que aún me hace falta publicar las dos entradas del reto… pendientes que mis retados serán algunos de ustedes.

Chaz Chaz – Efraín Alvarado

Solo en ti – Evan Craft

Les dejo otro tema musical que me ha gustado muchísimo.

Chaz Chaz – Efraín Alvarado

40 días: Jornada 33; Propósito 4.

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PROPOSITO # 4: USTED FUE MOLDEADO PARA SERVIR A DIOS.

“Después de todo, ¿quién es Pablo, y quién es Apolos? Sólo servidores por medio de los cuales ustedes han creído, según lo que a cada uno le concedió el Señor. Yo sembré, y Apolos regó, pero el crecimiento lo ha dado Dios”. 1 Corintios 3: 5-6 (Reina Valera Contemporanea).

Día 33: Cómo Actúan Los Siervos Genuinos.

“…Si alguien quiere ser importante, tendrá que servir a los demás”. Marcos 10: 43b (TLA).

Servimos a Dios al servir a otros. El mundo define la grandeza en términos de poder, posesiones, prestigio y posición. Si usted puede exigir el servicio de otros entonces ha llegado a la cumbre. En nuestra cultura egoísta, con su mentalidad de yo primero, actuar como siervo no es un concepto popular.

Jesús, sin embargo, midió la grandeza en términos del servicio, no del status. Dios determina la grandeza de usted por medio de cuánta gente sirve, no de cuánta gente le sirve. Esto es tan contrario a la idea de grandeza que tiene el mundo, que tenemos dificultades en entenderlo y ya no digamos en practicarlo. Los discípulos discutieron entre sí sobre de quién se merecía la posición de más prominencia, y, 2000 años más tarde, líderes cristianos todavía siguen compitiendo por cómo obtener una posición y prominencia en las iglesias, denominaciones y ministerios paraeclesiásticos. 

Todos quieren ser líderes; nadie quiere ser siervo. Preferimos ser generales que soldados comunes y corrientes. Incluso los líderes cristianos quieren ser “siervos-líderes”, no sólo simples siervos. Pero para ser como Jesús tiene que ser un siervo. Así fue como El se refirió a sí mismo.

Aunque conocer su molde es importante para servir a Dios, tener el corazón de un siervo es más importante. Recuerde, Dios lo moldeó para el servicio, no para ser egoísta. Sin el corazón de un siervo, será tentado a mal usar su molde para su beneficio personal. También será tentado a usarlo como una excusa para eximirse de atender algunas necesidades. 

A menudo Dios prueba nuestros corazones al pedirnos que sirvamos en maneras que no hemos sido moldeados. Si ve a un hombre que cae en una zanja, Dios espera que lo ayude, no que diga, “No tengo el don de misericordia o de servicio.” Aunque puede que no tenga el don para hacer una tarea en particular, puede que sea llamado a hacerla si no hay nadie con ese don. Su ministerio primario debería de ser en el área de su molde, pero su servicio secundario es donde sea necesitado en ese momento.

Su molde revela su ministerio, pero su corazón de siervo revelará su madurez. No es necesario tener un talento o un don especiales para quedarse después de una reunión a recoger la basura o doblar las sillas. Cualquiera puede ser un siervo. Todo lo que se requiere es carácter. 

Es posible servir en una iglesia por toda una vida sin jamás ser un siervo. Tiene que tener el corazón de un siervo. ¿Cómo sabe si tiene el corazón de un siervo? Jesús dijo: “Podrán ver lo que son por lo que hacen” (Mateo 7:16).

Los siervos genuinos se hacen disponibles a servir. Los siervos no llenan su tiempo con otros afanes que podrían limitar su disponibilidad. Quieren estar listos a empezar a servir cuando sean llamados. Muy parecido a un soldado, un siervo siempre está cerca para recibir órdenes: “Ningún soldado en servicio activo se enreda en los asuntos de la vida civil, para que pueda complacer al que lo enlistó” (2 Timoteo 2:4). Si sólo sirve cuando es conveniente, usted no es un siervo genuino. Los siervos genuinos hacen lo que se necesita hacer, aún cuando sea inconveniente. 

¿Está usted a la disposición de Dios en todo momento? ¿Puede El estropear sus planes sin que se resienta? Como siervo, usted no es el que escoge dónde o cuándo es que va a servir. Ser siervo significa poner a un lado su derecho de controlar su horario y dejar que Dios lo interrumpa cuando sea necesario. 

Si se recordara al comienzo de cada día que usted es un siervo de Dios, las interrupciones no lo frustrarían tanto, porque su agenda será lo que sea que Dios quiera traer a su vida. Los siervos ven las interrupciones como citas divinas para ministrar y se sienten felices de tener la oportunidad de practicar el servicio. 

Los siervos genuinos le prestan atención a las necesidades. Los siervos siempre están alerta buscando maneras de ayudar a otros. Cuando ven una necesidad, aprovechan la oportunidad para atenderla, tal como la Biblia nos manda: “Cuando tengamos la oportunidad, tenemos que hacer el bien a todos, especialmente a los de la familia de creyentes” (Gálatas 6: 10). Cuando Dios pone a alguien necesitado enfrente de usted, El le está dando la oportunidad de crecer como siervo. Observe que Dios dice que las necesidades de su familia eclesial han de tener la preferencia, no que las ponga de último en su lista de “Cosas Que Hacer.”

Se nos pasan por alto muchas ocasiones para servir porque nos faltan la sensitividad y la espontaneidad. Las grandes oportunidades para servir nunca duran mucho tiempo. Pasan rápidamente, algunas veces para nunca regresar. Quizá sólo reciba una oportunidad para servir a una persona, así que aproveche el momento. “Nunca digas a tus vecinos que se esperen hasta mañana si les puedes ayudar ahora” (Proverbios 3: 28)

“Haz todo el bien que puedas, por todos los medios que puedas, en todos los lugares que puedas, en todo momento que puedas, a todas las personas que puedas, mientras puedas”.
John Wesley.

Eso es grandeza. Puede empezar con buscar tareas pequeñas que nadie quiere hacer. Haga estas cosas pequeñas como si fueran cosas grandes, porque Dios lo está viendo. 

Los siervos genuinos hacen lo mejor que pueden con lo que tienen. Los siervos no dan excusas, no posponen nada y no esperan por mejores circunstancias. Ellos simplemente hacen lo que necesita ser hecho. La Biblia dice, “Si esperas por las perfectas condiciones, nunca llevarás nada a cabo” (Eclesiastés 11: 4). La expectación de Dios es que usted haga lo que pueda, con lo que tenga, donde sea que esté. Un servicio que es menos que perfecto es siempre mejor que las buenas intenciones. 

Una de las razones por la que muchas personas nunca sirven es porque temen que no son lo suficientemente buenas para servir. Han creído la mentira que servir es sólo para superestrellas. Algunas iglesias han fomentado este mito al hacer de “la excelencia” un ídolo, lo que hace que las personas sin mucho talento se sientan con la timidez de envolverse.

Quizá ha oído decir, “Si no puede ser hecho con excelencia, no lo hagas.” Bueno, ¡Jesús nunca dijo eso! La verdad es que casi todo lo que hacemos, las primeras veces no queda bien hecho; así es como aprendemos. Nada tiene que estar perfecto para que Dios lo use y lo bendiga.

Los siervos genuinos hacen toda tarea con igual dedicación. Cualquier cosa que los siervos hagan, la hacen con todo su corazón (Colosenses 3: 23). El tamaño de la tarea es irrelevante. El único asunto es, ¿necesita ser hecha? 

Nunca llegará a un nivel en su vida en el que usted es tan importante que no puede ayudar con las tareas insignificantes. Dios nunca lo eximirá de lo mundano. Es una parte vital de su currículo de carácter. La Biblia dice: ”Si crees que eres demasiado importante para ayudar a alguien, sólo te estás engañando a ti mismo. En realidad eres un don nadie” (Gálatas 6:3). Es en estos pequeños servicios que crecemos como Cristo. 

Jesús se especializó en tareas insignificantes que todos evitaban hacer: lavó los pies, ayudó niños, preparó desayunos, sirvió a los leprosos. Nada era indigno de ser hecho por él, porque vino a servir. No fue a pesar de su grandeza que hizo estas cosas, sino por ella, y él espera que sigamos su ejemplo (Juan 13:15).

Las tareas insignificantes muy a menudo demuestran un gran corazón. Su corazón de siervo se revela en los actos pequeños que otros no piensan en hacer, como cuando Pablo recogió la leña para una fogata para que todos se calentaran después de un naufragio (Hechos 28: 3). El estaba tan exhausto como el resto, pero él hizo lo que todos necesitaban. Ningún trabajo será indigno de ser hecho por usted cuando tiene un corazón de siervo.

Las grandes oportunidades a menudo se esconden en las tareas pequeñas. Las cosas pequeñas de la vida determinan las grandes. No busque cómo hacer grandes tareas para Dios. Solamente haga las cosas que no son tan grandes, y Dios le asignará lo que sea que quiere que haga. Pero antes de intentar hacer lo extraordinario, trate de servir de maneras ordinarias (Lucas 16: 10-12).

Siempre habrá más personas dispuestas a hacer cosas “grandes” para Dios que personas dispuestas a hacer las cosas pequeñas. La carrera para ser líderes siempre está atestada de gente, pero el campo está amplio y abierto para aquellos que desean ser siervos. Algunas veces sirve hacia arriba, a aquellos en autoridad, y algunas veces sirve hacia abajo, a aquellos en necesidad. Sea como sea, usted desarrolla un corazón de siervo cuando está dispuesto a hacer cualquier cosa que se necesite hacer.

Los siervos genuinos son fieles en su ministerio. Los siervos acaban sus tareas, cumplen con sus responsabilidades, cumplen sus promesas y completan sus compromisos. No dejan un trabajo a medias y no claudican cuando se sienten desanimados. Son dignos de confianza y se puede depender en ellos.

La fidelidad siempre ha sido una rara cualidad (Salmo 12:1; Proverbios 20:6; Filipenses 2: 19-22). La mayoría de las personas no conocen el significado del compromiso. Hacen compromisos casualmente, y después los rompen por la razón más insignificante sin ningún titubeo, sin sentirse culpables o sin remordimiento. Cada semana, las iglesias y otras organizaciones tienen que improvisar porque los voluntarios no se prepararon, no llegaron o ni siquiera llamaron para decir que no iban a venir.

¿Pueden otros contar con usted? ¿Ha hecho promesas que necesita pagar, votos que necesita cumplir o compromisos que necesita honrar? Esta es una prueba. Dios está probando su fidelidad. Si pasa la prueba, está en buena compañía: Abraham, Moisés, Samuel, David, Daniel, Timoteo y Pablo fueron llamados siervos fieles de Dios. Y mejor aún, Dios ha prometido recompensar su fidelidad en la eternidad. Imagínese como se sentirá cuando un día Dios le diga: “Bien hecho, mi buen siervo fiel. Has sido fiel en manejar esta pequeña cantidad, por lo tanto, ahora te daré muchas más responsabilidades. ¡Vamos juntos a celebrar!” (Mateo 25: 23).

Dicho sea de paso, los siervos fieles nunca se jubilan. Sirven fielmente mientras tengan vida. Usted se puede jubilar de su profesión, pero nunca se jubila de servir a Dios.

Los siervos genuinos son modestos. Los siervos no se promueven a sí mismos o tratan de atraer la atención a sí mismos. En lugar de actuar para impresionar y de vestirse como si fueran personas exitosas, se ponen “el delantal de la humildad para servir a otros” (1 Pedro 5:5). Si son reconocidos por su servicio, lo aceptan humildemente pero no permiten que la notoriedad los distraiga de su trabajo. 

Pablo denunció un tipo de servicio que parece ser espiritual pero que en realidad es una apariencia, un exhibicionismo, un acto para atraer la atención. El lo llamó “servir para ser visto” (literalmente, “servir al ojo”), servir para impresionar a las personas con lo espiritual que somos (Efesios 6: 6; Colosenses 3:22). Este fue el pecado de los fariseos. Ellos convirtieron el ayudar a otros, el dar e incluso el orar en una actuación para otros. Jesús odiaba esta actitud y nos advirtió: “Cuando hagan buenas obras, no sean exhibicionistas. Si lo hacen, no recibirán ninguna recompensa de su Padre en el cielo” (Mateo 6:1).

La autopromoción y el servicio no tienen nada en común. Los siervos genuinos no sirven para recibir la aprobación o el aplauso de otros. Viven para la audiencia de Uno. Como Pablo dijo: “Si todavía estuviera tratando de complacer a los hombres, no sería un siervo de Cristo” (Gálatas 1:10).

No encontrará a muchos siervos genuinos en el centro de la atención pública; de hecho, la evitan cuanto sea posible. Están contentos con servir silenciosamente en las sombras. José es un gran ejemplo. Nunca atrajo la atención a sí mismo, sino que calladamente sirvió a Potifar, después a su carcelero, y después al panadero y al copero del faraón. Cuando el faraón le dio un puesto de prominencia, José siguió manteniendo un corazón de siervo, aún con sus hermanos que lo habían traicionado.

Desdichadamente, muchos líderes en la actualidad empiezan como siervos pero acaban siendo celebridades. Se vuelven adictos a la atención, inconscientes de que ser siempre el centro de atención es como un rayo de luz directo a los ojos que los ciega. 

Puede que esté sirviendo en la oscuridad en algún lugar pequeño, sintiéndose desconocido e inapreciado. Escúcheme: ¡Dios lo puso donde está con un propósito! El tiene contado cada cabello de su cabeza y sabe dónde vive. Es mejor que se quede donde está hasta que El escoja moverlo. El le hará saber si lo quiere en otro lado. Su ministerio es importante para el reino de Dios. “Cuando Cristo… se manifieste otra vez en la tierra, ustedes se manifestarán también (el verdadero tú), el glorioso tú. Mientras tanto, conténtense que son desconocidos” (Colosenses 3: 4).

La notoriedad no significa nada para siervos genuinos porque conocen la diferencia entre ser prominente y ser significante. Usted tiene ciertas características prominentes en su cuerpo que no necesita para vivir. Son las partes ocultas de su cuerpo las que son indispensables (1 Corintios 12: 22-24). Lo mismo es verdad del Cuerpo de Cristo. El servicio más significativo es a menudo el servicio más invisible.

En el cielo, Dios va a recompensar en público a algunos de sus siervos más escondidos y desconocidos, personas de las que nunca hemos oído en la tierra, que enseñaron a niños emocionalmente trastornados, que asearon a ancianos incontinentes, que cuidaron a pacientes con SIDA y que sirvieron inadvertidamente en miles de otras maneras.

Sabiendo esto, no se desanime cuando su servicio es desapercibido o cuando no lo tomen en cuenta. ¡Siga sirviendo a Dios! “Entréguense de lleno al trabajo del Señor confiando que nada de lo que hacen por él es un desperdicio de tiempo o esfuerzo” (1 Corintios 15:58). Dios nota hasta el más pequeño servicio y lo recompensará. Recuerde las palabras de Jesús: “Si como mis representantes dan aunque sea un vaso de agua a un pequeño, ciertamente serán recompensados” (Mateo 10: 42).


Pensando En Mi Propósito.

Un Punto Para Reflexionar: Sirvo a Dios al servir a otros.

Versículo Para Recordar: “Les aseguro que Dios no se olvidará de premiar al que dé un vaso de agua fresca a uno de mis seguidores, aunque se trate del menos importante” Mateo 10: 42 (TLA).

Pregunta Para Considerar: ¿Cuál de las seis características de un siervo genuino me presenta con el mayor desafío?


Sería de muchísima ayuda el que me ayuden a compartir estas entradas en sus redes o con un “rebloggear” para que muchas personas también puedan contestarse estas preguntas.

Chaz Chaz – Efraín Alvarado