40 días: Jornada 28, Propósito 3.

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PROPOSITO # 3: USTED FUE CREADO PARA SER COMO CRISTO.

“Permanezcan arraigados en él y edificados sobre él; estén firmes en la fe, tal como fueron instruidos, y siempre dando gracias”. Colosenses 2: 7 (Biblia Latinoamericana 1995).

Día 28: Requiere Tiempo.

“Hay un tiempo para todo Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo”. Eclesiastés 3: 1 (NVI).
“Estoy convencido de esto: el que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús”. Filipenses 1: 6 (NVI).

No hay atajos hacia la madurez. Se requieren años para que lleguemos a ser adultos y se requiere toda una estación para que la fruta madure y esté lista. Lo mismo es verdad del fruto del Espíritu. El desarrollo de un carácter semejante al de Cristo no puede ser apresurado. El crecimiento espiritual, como el crecimiento físico, requiere tiempo.

Mientras que a nosotros nos preocupa qué tan rápido crecemos, a Dios le interesa qué tan fuerte crecemos. Dios ve nuestras vidas desde y para la eternidad, y por tanto nunca tiene prisa.

“Antes de que Cristo invada nuestras vidas por medio de la conversión, a veces El tiene que “suavizarnos” al permitir problemas que no podemos controlar. Aunque algunos abren sus vidas a Cristo la primera vez que les llama a la puerta, la mayoría de nosotros nos resistimos y nos ponemos a la defensiva. Nuestra experiencia de preconversión es Jesús diciendo, “He aquí estoy a la puerta, bombardeándote”.”
Lane Adams

En el instante en que se abre a Cristo, Dios obtiene una “zona libre” en su vida. Usted puede pensar que le ha entregado toda su vida a El, pero la verdad es que hay mucho de su vida de lo cual ni siquiera está consciente. Sólo puede darle a Dios tanto de usted como hasta donde usted lo entiende en ese momento. Y eso está bien. Una vez que a Cristo le es dada una zona libre, El comienza la campaña de tomar control de más y más territorio hasta que su vida entera es totalmente de El. Habrán luchas y batallas pero el resultado final nunca estará en duda. Dios ha prometido que “el que comenzó una buena obra en ustedes la llevará a cabo hasta completarla” (Filipenses 1: 6).

El discipulado es el proceso de conformarse a Cristo. La Biblia dice: “Arribamos a la madurez genuina… a esa medida de desarrollo por la cual se quiere decir ‘la plenitud de Cristo'” (Efesios 4: 13). Ser semejante a Cristo es eventualmente su destino pero su jornada durará toda una vida.

Hasta este punto hemos visto que esta jornada consiste en creer (por medio de la adoración), conectarse (por medio de la comunión) y cambiar (por medio del discipulado). Dios quiere que usted se haga cada día un poco más semejante a El: “Han comenzado a vivir la nueva vida, en la cual están siendo hechos nuevos y se están haciendo semejantes al que los hizo” (Colosenses 3: 10).

En la actualidad estamos obsesionados con la velocidad pero Dios está más interesado en que seamos fuertes y estables que en que seamos vertiginosos. Queremos el remedio al instante, queremos tomar el atajo y queremos la solución instantánea. Queremos un sermón, un seminario o una experiencia que instantáneamente nos resuelva todos los problemas, nos remueva toda tentación y nos libre de todos los dolores del crecimiento. Pero la madurez genuina nunca es el resultado de una sola experiencia, no importa qué tan poderosa o conmovedora sea. El crecimiento es algo gradual. La Biblia dice: “Nuestras vidas gradualmente se hacen más brillantes y más bellas a medida que Dios entra en nuestras vidas y nos hacemos semejantes a él” (2 Corintios 3: 18).

¿Por Qué Se Toma Tanto Tiempo?

Aunque Dios podría transformarnos instantáneamente, El ha escogido desarrollarnos lentamente. Jesús es deliberado en el desarrollo de sus discípulos. Así como Dios permitió que los israelitas se apoderaran de la Tierra Prometida “poco a poco” (Deuteronomio 7: 22) para que no fueran abrumados, El prefiere trabajar en pasos incrementales en nuestras vidas. ¿Por qué se toma tanto tiempo cambiar y crecer? Hay varias razones.

Somos lentos en aprender. Muy a menudo tenemos que reaprender una lección cuarenta o cincuenta veces para realmente entenderla. Los mismos problemas siguen recurriendo y pensamos, “¿Otra vez? ¡Ya aprendí eso!”; pero Dios nos conoce muy bien. La historia de Israel ilustra qué rápido que olvidamos las lecciones que Dios nos enseña y qué pronto que nos revertimos a nuestros viejos patrones de comportamiento. Necesitamos ser expuestos a la lección repetidamente. 

Tenemos mucho que desaprender. Muchas personas van a un consejero debido a un problema personal o relacional que tomó años en desarrollarse y dicen, “Necesito que me compongas. Sólo tengo una hora.” Ingenuamente esperan obtener una solución instantánea a una dificultad que ha sido muy prolongada y que está profundamente arraigada. Ya que la mayoría de nuestros problemas (y todos nuestros malos hábitos) no se desarrollaron de la noche a la mañana, no es realista esperar que se desaparezcan inmediatamente. No hay pastilla, plegaria o principio que vaya a deshacer instantáneamente el daño de muchos años. Requiere el trabajo duro de remover lo malo y reemplazarlo con lo bueno. La Biblia llama esto “despojarse del hombre viejo” y “vestirse del hombre nuevo” (Romanos 13: 12; Efesios 4: 22-25; Colosenses 3: 7-10, 14). Aunque recibió una naturaleza totalmente nueva al momento de su conversión, todavía tiene viejos hábitos, patrones y prácticas que necesitan ser removidos y reemplazados.

Tenemos miedo de confrontar humildemente la verdad acerca de nosotros mismos. El temor de lo que podríamos descubrir si sinceramente enfrentamos los defectos de nuestro carácter nos mantiene viviendo en una prisión de negación. Sólo a medida que le permitimos a Dios que ilumine con la luz de Su verdad nuestros defectos, fracasos y debilidades es que podemos comenzar a trabajar en ellos. Por eso es que no puede crecer sin tener una actitud humilde y abierta a ser enseñado.

El crecimiento es a menudo doloroso y atemorizante. No hay crecimiento sin cambio; no hay cambios sin temor o pérdida; y no hay pérdida sin dolor. Todo cambio envuelve la pérdida de algo: tiene que dejar de aferrarse a sus viejas maneras de actuar para experimentar las nuevas. Tenemos miedo de estas pérdidas, aún cuando nuestras viejas maneras de actuar nos sabotean, porque, como un par de zapatos viejos, al menos estas se sienten cómodas y nos son familiares. 

Frecuentemente las personas se forman su identidad en torno a sus defectos. Decimos, “Es que así soy cuando…” y “Así es como soy.” La preocupación inconsciente es que si dejo ir mi hábito, mi herida o mi defecto, ¿quién seré? Este temor puede definitivamente hacer que su crecimiento sea más lento.

Los hábitos requieren tiempo para desarrollarse. Recuerde que su carácter es la suma total de sus hábitos. No puede decir que es amable a menos que sea habitualmente amable… usted muestra amabilidad sin ni siquiera pensarlo. No puede decir que tiene integridad a menos que sea su hábito ser siempre honesto. Un marido que es fiel a su esposa la mayor parte del tiempo ¡no es fiel del todo! Sus hábitos definen su carácter.

Sólo hay una manera de desarrollar los hábitos de un carácter semejante al de Cristo: tiene que practicarlos, ¡y eso requiere tiempo! No hay hábitos instantáneos. Pablo instó a Timoteo: “Practica estas cosas. Dedica tu vida a ellas para que todos puedan ver tu progreso” (1 Timoteo 4: 15).

Si practica algo por un tiempo, se hace bueno a ello. La repetición es la madre del carácter y la habilidad. Estos hábitos formadores de carácter son llamados frecuentemente “disciplinas espirituales,” y hay docenas de libros muy buenos que le pueden enseñar cómo hacerlas.

No Se Apresure

A medida que avanza hacia la madurez espiritual, hay varias maneras de cooperar con Dios durante el proceso.

Crea que Dios está trabajando en su vida aún cuando no lo sienta. A veces el crecimiento espiritual es un trabajo tedioso consistiendo de un pequeño paso a la vez. Espere un mejoramiento gradual. La Biblia dice: “Todo en la tierra tiene su propio tiempo y su propia estación” (Eclesiastés 3: 1). Hay estaciones también en su vida espiritual. Algunas veces tendrá un avance corto e intenso de crecimiento (primavera) seguido por un período de estabilización y prueba (otoño e invierno).

¿Y qué de esos problemas, hábitos y heridas que le gustaría que fuesen milagrosamente removidos? Está bien orar por un milagro, pero no se desilusione si la respuesta viene por medio de un cambio gradual.

Mantenga un cuaderno o un diario de lecciones aprendidas. Este no es un diario de eventos, sino un registro de lo que está aprendiendo. Escriba las verdades y las lecciones vitales que Dios le enseña acerca de El, de usted, de la vida, de las relaciones y de todo lo demás. Escriba esto para que las repase y las recuerde y se las pase a la próxima generación (Salmo 102: 18; 2 Timoteo 3: 14). La razón por la que tenemos que pasar por la misma lección es porque la olvidamos. Repasar su diario espiritual asiduamente puede evitarle mucho dolor y sufrimiento innecesarios. La Biblia dice: “Es crucial que mantengamos empuñados firmemente lo que hemos oído para que no nos extraviemos” (Hebreos 2: 1).

Tenga paciencia con Dios y con usted mismo. Una de las frustraciones de la vida es que el calendario de Dios es raramente exacto al nuestro. A menudo tenemos prisa cuando Dios no tiene prisa. Puede que se sienta frustrado con el progreso aparentemente lento que está haciendo en la vida. Recuerde que Dios nunca tiene prisa, pero siempre llega a tiempo. El usará toda su vida para prepararlo para su papel en la eternidad. 

La Biblia está llena de ejemplos de cómo Dios usa un proceso prolongado para formar el carácter, especialmente en líderes. Dios se tomó ochenta años para preparar a Moisés, incluyendo cuarenta en el desierto. Por 14,600 días, Moisés esperaba y preguntaba, “¿Ya llegó la hora?” Pero Dios decía, “Todavía no”.

Cuando Dios quiere hacer un hongo, lo hace de la noche a la mañana; pero cuando quiere hacer un roble gigante, se toma cien años. Grandes almas son crecidas mediante luchas y tormentas y temporadas de sufrimiento. Sea paciente con el proceso. Santiago aconsejó: “No traten de salirse de nada prematuramente. Dejen que haga su obra para que maduren y lleguen a estar bien desarrollados” (Santiago 1: 4).

No se desanime. Cuando Habacuc se puso deprimido porque pensaba que Dios no estaba actuando lo suficientemente rápido, Dios tenía esto que decir: “Estas cosas que planeo no ocurrirán inmediatamente. Lentamente, consistentemente y seguramente el tiempo se aproxima cuando la visión será cumplida. Si parece lenta, no te desesperes, porque estas cosas tendrán que ocurrir. ¡Sólo sé paciente! No se retrasarán un solo día” (Habacuc 2: 3). Experimentar un retraso no quiere decir que Dios dice que no.

Recuerde cuánto ha progresado, no sólo cuánto le falta. Todavía no está donde quiere estar, pero tampoco está donde solía estar. 


Pensando En Mi Propósito.

Un Punto Para Reflexionar: No hay atajos hacia la madurez.

Versículo Para Recordar: “Estoy convencido de esto: el que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús” Filipenses 1: 6 (NVI).

Pregunta Para Considerar: ¿En qué área de mi crecimiento espiritual necesito ser más paciente y persistente?


Sería de muchísima ayuda el que me ayuden a compartir estas entradas en sus redes o con un “rebloggear” para que muchas personas también puedan contestarse estas preguntas.

Chaz Chaz – Efraín Alvarado

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