40 días: Jornada 32, Propósito 4.

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PROPOSITO # 4: USTED FUE MOLDEADO PARA SERVIR A DIOS.

“Después de todo, ¿quién es Pablo, y quién es Apolos? Sólo servidores por medio de los cuales ustedes han creído, según lo que a cada uno le concedió el Señor. Yo sembré, y Apolos regó, pero el crecimiento lo ha dado Dios”. 1 Corintios 3: 5-6 (Reina Valera Contemporanea).

Día 32: Usando Lo Que Dios Le Dio.

“Así también nosotros formamos un solo cuerpo en Cristo. Dependemos unos de otros”. Romanos 12: 5 (BL).
Lo que eres es el regalo de Dios para ti; lo que haces contigo mismo es tu regalo a Dios. Proverbios danés. 

Dios se merece lo mejor de usted. El lo moldeó para un propósito, y la expectación de El es que le saque lo máximo a lo que le ha dado. El no quiere que se preocupe por las habilidades que no tiene o que las codicie. Más bien El quiere que se concentre en los talentos que le ha dado para que los use.

Cuando atenta servir a Dios en maneras que no ha sido moldeado para servir, es como tratar de meter a fuerzas un peldaño cuadrado en un hoyo redondo. El mejor uso de su vida es servir a Dios con su molde. Para hacer esto tiene que descubrir su molde, aprender a aceptarlo y disfrutarlo, y luego desarrollarlo a su máximo potencial. 

Descubra Su Molde

La Biblia dice: “No actúen sin pensar, sino que traten de encontrar y hacer lo que sea que el Señor quiere que hagan” (Efesios 5:17). No deje que pase otro día. Empiece a averiguar y a clarificar lo que Dios se ha propuesto que usted sea y haga.

Empiece con una evaluación de sus dones espirituales y sus habilidades. Hágase una evaluación profunda y sincera para ver a qué es bueno y a qué no. Pablo aconsejó: “Traten de tener una sana evaluación de sus capacidades” (Romanos 12: 3b). Haga una lista. Pídale a otras personas que le den su sincera opinión. Dígales que está buscando la verdad, no que está tratando de que lo alaben. Los dones espirituales y las habilidades naturales siempre son confirmados por otros. Si piensa que ha sido dotado para ser un maestro o un cantante y nadie lo piensa así, ¿adivine qué? Si quiere saber si tiene el don de liderazgo, ¡mire detrás de usted! Si nadie lo está siguiendo, usted no es un líder.

Hágase preguntas como éstas: ¿Dónde he visto fruto en mi vida que otros han confirmado? ¿Dónde es que ya he tenido éxito? Los cuestionarios de dones espirituales e inventarios de habilidades pueden ser de algún valor, pero son limitados en su utilidad. En primer lugar, son estandarizados, y por lo tanto, no toman en cuenta lo único que es usted. Segundo, en la Biblia no hay definiciones de los dones espirituales lo cual hace de cualquier definición algo arbitrario y usualmente representa un prejuicio denominacional. Otro problema es que mientras más madure, más probable es que manifieste las características de un número de dones. Puede estar sirviendo o enseñando o dando generosamente por que tiene madurez, no por que tiene uno de esos dones espirituales.

La mejor manera de descubrir sus dones espirituales y sus habilidades es experimentar en diferentes áreas de servicio. Yo hubiera podido haber tomado cien cuestionarios de dones espirituales y de habilidades cuando era joven, y nunca hubiera podido descubrir que fui dotado para enseñar ¡porque nunca lo había hecho! Fue sólo después que comencé a aceptar las oportunidades para hablar que vi los resultados, recibí la confirmación de otros y entendí que ¡Dios me había dotado para hacer eso!

 Simplemente empiece a servir, experimentando con diferentes ministerios y entonces descubrirá sus dones. Hasta que no esté realmente envuelto en servir, no va a saber a qué es bueno.  

Usted tiene decenas de habilidades y dones ocultos que no sabe que tiene porque nunca ha intentado usarlos. Por tanto lo animo a que trate de hacer cosas que nunca ha hecho. No importa su edad, lo insto a que nunca deje de experimentar.

No espere empezar su servicio voluntario en algún lado hasta que descubra sus dones. Simplemente empiece a servir. Descubrirá sus dones al envolverse en el ministerio. Pruebe enseñar o dirigir u organizar o tocar un instrumento o trabajar con jóvenes. Nunca sabrá a qué es bueno hasta que lo pruebe. Cuando no le resulte, llámelo “un experimento”, no un fracaso. Eventualmente se dará cuenta a qué es bueno.

Considere su corazón y su manera de ser (personalidad). Pablo aconsejó: “Hagan una cuidadosa exploración de quiénes son y del trabajo que se les ha dado, y después métanse de lleno en eso” (Gálatas 6: 4b). Se lo repito, le ayudará que oiga la opinión de otros que lo conocen muy bien. Hágase estas preguntas: ¿Qué es lo que más disfruto hacer? ¿Cuándo es que me siento de lo más vivo? ¿Qué estoy haciendo cuando pierdo la noción del tiempo? ¿Me gusta la rutina o la variedad? ¿Prefiero servir en equipo o solo? ¿Soy introvertido o extrovertido? ¿Qué soy más: un pensador o un sentidor? ¿Qué me gusta más: competir o cooperar?

Examine sus experiencias y extraiga las lecciones que ha aprendido. Repase su pasado y piense en cómo lo ha moldeado. Moisés le dijo a los israelitas: “Recuerden hoy lo que han aprendido acerca del Señor a través de sus experiencias con él” (Deuteronomio 11: 2). Las experiencias que se olvidan no sirven para nada; esta es una buena razón para tener un diario espiritual. Pablo se preocupaba de que los creyentes en Gálatas no desperdiciaran el dolor por el que habían pasado. El dijo: “¿Fueron todas las experiencias de ustedes un desperdicio? ¡Espero que no!” (Gálatas 3: 4).

Raras veces vemos el buen propósito de Dios en el dolor o en el fracaso o en algo embarazoso mientras está pasando. Cuando Jesús le lavó los pies a Pedro, él le dijo: “No te das cuenta de lo que estoy haciendo ahora, pero más tarde lo entenderás” (Juan 13: 7). Sólo después que vemos lo que pasó entendemos cómo Dios determinó usar un problema para bien.

Extraer las lecciones de sus experiencias toma tiempo. Le recomiendo que aparte todo un fin de semana para tener un retiro de evaluación de su vida, en el que haga una pausa para ver cómo Dios ha trabajado en los diferentes momentos críticos de su vida y para considerar cómo El quiere usar esas lecciones para ayudar a otros.

Acepte y Disfrute Su Molde

Ya que Dios sabe qué es lo mejor para usted, debería de aceptar con agradecimiento la manera en que lo ha moldeado. La Biblia dice: “¿Qué derecho tienes tú, un ser humano, para interrogar a Dios como abogado en corte? La vasija de barro no tiene derecho de decirle al alfarero: ‘¿Por qué me hiciste de esta forma?’ ¡Ciertamente un alfarero puede hacer lo que quiera con la arcilla!” (Romanos 9: 20-2).

Su molde fue soberanamente determinado por Dios para Su propósito para que usted no se resienta o lo rechace. En lugar de tratar de remoldarse para ser como otro, debería de celebrar el molde que Dios le ha dado. “Cristo ha dado a cada uno de nosotros habilidades especiales… lo que sea que él quiere que tengamos de su rico almacén de dones”  (Efesios 4: 7).

Parte de lo que significa aceptar su molde es reconocer sus limitaciones. Nadie es bueno a todo y nadie es llamado a ser todo. Todos tenemos papeles definidos. Pablo entendió que su llamado no era que lo lograra todo o que complaciera a todo el mundo sino que se concentrara en el ministerio particular para el que Dios lo había moldeado (Gálatas 2: 7-8). El dijo: “Nuestra meta es mantenernos dentro de los límites del plan de Dios para nosotros” (2 Corintios 10: 13).

La palabra límites se refiere al hecho que Dios asigna a cada uno de nosotros un campo o una esfera de servicio. Su molde determina su especialidad. Cuando tratamos de sobreextender el alcance del ministerio para el que Dios nos moldeó, sentimos estrés. Así como a cada corredor en una competencia de carreras le es asignado un carril diferente para correr, así individualmente tenemos que “correr con paciencia la carrera particular que Dios ha puesto delante de nosotros” (Hebreos 12: 1). No envidie al corredor del carril junto al suyo; concéntrese solamente en acabar su carrera.

Dios quiere que disfrute del molde que le ha dado. La Biblia dice: “Asegúrense de hacer lo que deberían, porque entonces disfrutarán de la satisfacción personal de haber hecho bien el trabajo de ustedes, y no necesitarán compararse ustedes mismos con otros” (Gálatas 6: 4). Satanás tratará de robarle del gozo de servir de dos maneras: lo tentará a que compare su ministerio con otros, y lo tentará a que conforme su ministerio a las expectaciones de otros. Ambas son trampas mortales que lo distraerán de servir en las maneras que Dios dispuso. Cuando pierda su gozo en el ministerio, empiece a considerar si una de estas tentaciones es la causa. 

La Biblia nos advierte que nunca nos comparemos con otros: “Hagan su trabajo bien hecho, y entonces tendrán algo de qué estar orgullosos. Pero no se comparen con otros” (Gálatas 6: 4). Hay dos razones por las que nunca debería de comparar su molde, su ministerio o los resultados de su ministerio con los de otros. Primero, siempre podrá encontrar a alguien que parece estar haciendo un mejor trabajo que usted y se desanimará. O siempre podrá encontrar a alguien que no parece ser tan efectivo como usted, y se llenará de orgullo. Cualquiera de estas dos actitudes lo sacará del servicio y le robará de su gozo.

Pablo dijo que es una tontería compararnos con otros. Él dijo: “No nos atrevemos a clasificarnos o compararnos con algunos que se alaban a sí mismos. Cuando se miden ellos mismos con ellos mismos y se comparan entre sí, no son sabios” (2 Corintios 10: 12). Una paráfrasis del mismo texto dice “Al estarse comparando y dándose calificaciones y compitiendo, no entienden nada”.

Encontrará que las personas que no entienden su molde para el ministerio lo criticarán y tratarán de hacerlo que se conforme a lo que ellas piensan que debería de estar haciendo. Ignórelos. A menudo Pablo tenía que enfrentarse con críticos que mal entendían y difamaban su servicio. Su manera de responder era siempre la misma: evitaba las comparaciones, resistía las exageraciones y buscaba sólo la aprobación de Dios (1 Corintios 10: 12-18).

Una de las razones por las que Pablo fue usado muy grandemente por Dios fue porque él rehusó dejarse distraer por la crítica o por la comparación de su ministerio con otros o por entrar en fútiles debates sobre su ministerio.

“Si mi vida es sin fruto, qué importa quién me alaba y si mi vida es fructífera, qué importa quién me critica”.
John Bunyan

Continúe Desarrollando Su Molde

En la parábola de los talentos, Jesús ilustra la expectación que Dios tiene de que le saquemos el máximo provecho de lo que El nos da. Debemos cultivar nuestros dones y habilidades, mantener la pasión de nuestros corazones, madurar nuestro carácter y nuestra personalidad y ampliar nuestras experiencias para que seamos progresivamente más efectivos en nuestro servicio. Pablo le dijo a los filipenses que “siguieran creciendo en conocimiento y entendimiento” (Filipenses 1: 9) y le recordó a Timoteo “Aviva la llama del don de Dios que está en ti” (2 Timoteo 1: 6).

Si no ejercita sus músculos, se le debilitan y se le atrofian. De la misma manera, si no utiliza las habilidades y destrezas que Dios le ha dado, las perderá. Jesús enseñó la parábola de los talentos para enfatizar esta verdad. Refiriéndose al siervo que falló en usar su único talento, el dueño dijo: “Quítenle el talento y désenlo al que tiene diez talentos” (Mateo 25: 28). Si falla en usar lo que se le ha dado, lo perderá. Use la habilidad que se le ha dado y Dios la aumentará. Pablo dijo a Timoteo: “Asegúrate de usar las habilidades que Dios te ha dado… pon estas habilidades a trabajar” (1 Timoteo 4: 14-15).

Cualesquiera que sean los dones que ha recibido, estos pueden ser ampliados y desarrollados mediante la práctica. Por ejemplo, nadie recibe el don de enseñanza totalmente desarrollado. Pero con el tiempo, la crítica constructiva y la práctica, un “buen” maestro se puede convertir en un mejor maestro, y con el tiempo, crecer y llegar a ser un maestro de maestros. No se conforme con un don medio desarrollado. Esfuércese y aprenda todo lo que pueda. “Concéntrate en hacer lo mejor que puedas para Dios, haz un trabajo del que no tendrás que avergonzarte” (2 Timoteo 2: 15). Aproveche cualquier oportunidad de entrenamiento que tenga para desarrollar su molde y para mejorar las destrezas que usará para servir.

 En el cielo vamos a servir a Dios para siempre. En este momento nos podemos preparar para ese servicio eterno al estar practicando en la tierra. Como los atletas que se preparan para las Olimpiadas, nosotros seguimos entrenándonos para ese gran día: “Lo hacen por una medalla de oro que se ensucia y que pierde su brillo. Ustedes van en pos de una medalla que es eternamente de oro” (1  Corintios 9: 25).

Nos estamos preparando para responsabilidades y recompensas eternas.


Pensando En Mi Propósito.

Un Punto Para Reflexionar: Dios se merece lo mejor de mí.

Versículo Para Recordar: “Trata de que Dios pueda contar contigo; sé como obrero irreprensible, experto en el manejo de la palabra de la verdad” 2 Timoteo 2: 15 (BL).

Pregunta Para Considerar: ¿Cómo puedo hacer el mejor uso de lo que Dios me ha dado?


Sería de muchísima ayuda el que me ayuden a compartir estas entradas en sus redes o con un “rebloggear” para que muchas personas también puedan contestarse estas preguntas.

Chaz Chaz – Efraín Alvarado

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