40 días: Jornada 33; Propósito 4.

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PROPOSITO # 4: USTED FUE MOLDEADO PARA SERVIR A DIOS.

“Después de todo, ¿quién es Pablo, y quién es Apolos? Sólo servidores por medio de los cuales ustedes han creído, según lo que a cada uno le concedió el Señor. Yo sembré, y Apolos regó, pero el crecimiento lo ha dado Dios”. 1 Corintios 3: 5-6 (Reina Valera Contemporanea).

Día 33: Cómo Actúan Los Siervos Genuinos.

“…Si alguien quiere ser importante, tendrá que servir a los demás”. Marcos 10: 43b (TLA).

Servimos a Dios al servir a otros. El mundo define la grandeza en términos de poder, posesiones, prestigio y posición. Si usted puede exigir el servicio de otros entonces ha llegado a la cumbre. En nuestra cultura egoísta, con su mentalidad de yo primero, actuar como siervo no es un concepto popular.

Jesús, sin embargo, midió la grandeza en términos del servicio, no del status. Dios determina la grandeza de usted por medio de cuánta gente sirve, no de cuánta gente le sirve. Esto es tan contrario a la idea de grandeza que tiene el mundo, que tenemos dificultades en entenderlo y ya no digamos en practicarlo. Los discípulos discutieron entre sí sobre de quién se merecía la posición de más prominencia, y, 2000 años más tarde, líderes cristianos todavía siguen compitiendo por cómo obtener una posición y prominencia en las iglesias, denominaciones y ministerios paraeclesiásticos. 

Todos quieren ser líderes; nadie quiere ser siervo. Preferimos ser generales que soldados comunes y corrientes. Incluso los líderes cristianos quieren ser “siervos-líderes”, no sólo simples siervos. Pero para ser como Jesús tiene que ser un siervo. Así fue como El se refirió a sí mismo.

Aunque conocer su molde es importante para servir a Dios, tener el corazón de un siervo es más importante. Recuerde, Dios lo moldeó para el servicio, no para ser egoísta. Sin el corazón de un siervo, será tentado a mal usar su molde para su beneficio personal. También será tentado a usarlo como una excusa para eximirse de atender algunas necesidades. 

A menudo Dios prueba nuestros corazones al pedirnos que sirvamos en maneras que no hemos sido moldeados. Si ve a un hombre que cae en una zanja, Dios espera que lo ayude, no que diga, “No tengo el don de misericordia o de servicio.” Aunque puede que no tenga el don para hacer una tarea en particular, puede que sea llamado a hacerla si no hay nadie con ese don. Su ministerio primario debería de ser en el área de su molde, pero su servicio secundario es donde sea necesitado en ese momento.

Su molde revela su ministerio, pero su corazón de siervo revelará su madurez. No es necesario tener un talento o un don especiales para quedarse después de una reunión a recoger la basura o doblar las sillas. Cualquiera puede ser un siervo. Todo lo que se requiere es carácter. 

Es posible servir en una iglesia por toda una vida sin jamás ser un siervo. Tiene que tener el corazón de un siervo. ¿Cómo sabe si tiene el corazón de un siervo? Jesús dijo: “Podrán ver lo que son por lo que hacen” (Mateo 7:16).

Los siervos genuinos se hacen disponibles a servir. Los siervos no llenan su tiempo con otros afanes que podrían limitar su disponibilidad. Quieren estar listos a empezar a servir cuando sean llamados. Muy parecido a un soldado, un siervo siempre está cerca para recibir órdenes: “Ningún soldado en servicio activo se enreda en los asuntos de la vida civil, para que pueda complacer al que lo enlistó” (2 Timoteo 2:4). Si sólo sirve cuando es conveniente, usted no es un siervo genuino. Los siervos genuinos hacen lo que se necesita hacer, aún cuando sea inconveniente. 

¿Está usted a la disposición de Dios en todo momento? ¿Puede El estropear sus planes sin que se resienta? Como siervo, usted no es el que escoge dónde o cuándo es que va a servir. Ser siervo significa poner a un lado su derecho de controlar su horario y dejar que Dios lo interrumpa cuando sea necesario. 

Si se recordara al comienzo de cada día que usted es un siervo de Dios, las interrupciones no lo frustrarían tanto, porque su agenda será lo que sea que Dios quiera traer a su vida. Los siervos ven las interrupciones como citas divinas para ministrar y se sienten felices de tener la oportunidad de practicar el servicio. 

Los siervos genuinos le prestan atención a las necesidades. Los siervos siempre están alerta buscando maneras de ayudar a otros. Cuando ven una necesidad, aprovechan la oportunidad para atenderla, tal como la Biblia nos manda: “Cuando tengamos la oportunidad, tenemos que hacer el bien a todos, especialmente a los de la familia de creyentes” (Gálatas 6: 10). Cuando Dios pone a alguien necesitado enfrente de usted, El le está dando la oportunidad de crecer como siervo. Observe que Dios dice que las necesidades de su familia eclesial han de tener la preferencia, no que las ponga de último en su lista de “Cosas Que Hacer.”

Se nos pasan por alto muchas ocasiones para servir porque nos faltan la sensitividad y la espontaneidad. Las grandes oportunidades para servir nunca duran mucho tiempo. Pasan rápidamente, algunas veces para nunca regresar. Quizá sólo reciba una oportunidad para servir a una persona, así que aproveche el momento. “Nunca digas a tus vecinos que se esperen hasta mañana si les puedes ayudar ahora” (Proverbios 3: 28)

“Haz todo el bien que puedas, por todos los medios que puedas, en todos los lugares que puedas, en todo momento que puedas, a todas las personas que puedas, mientras puedas”.
John Wesley.

Eso es grandeza. Puede empezar con buscar tareas pequeñas que nadie quiere hacer. Haga estas cosas pequeñas como si fueran cosas grandes, porque Dios lo está viendo. 

Los siervos genuinos hacen lo mejor que pueden con lo que tienen. Los siervos no dan excusas, no posponen nada y no esperan por mejores circunstancias. Ellos simplemente hacen lo que necesita ser hecho. La Biblia dice, “Si esperas por las perfectas condiciones, nunca llevarás nada a cabo” (Eclesiastés 11: 4). La expectación de Dios es que usted haga lo que pueda, con lo que tenga, donde sea que esté. Un servicio que es menos que perfecto es siempre mejor que las buenas intenciones. 

Una de las razones por la que muchas personas nunca sirven es porque temen que no son lo suficientemente buenas para servir. Han creído la mentira que servir es sólo para superestrellas. Algunas iglesias han fomentado este mito al hacer de “la excelencia” un ídolo, lo que hace que las personas sin mucho talento se sientan con la timidez de envolverse.

Quizá ha oído decir, “Si no puede ser hecho con excelencia, no lo hagas.” Bueno, ¡Jesús nunca dijo eso! La verdad es que casi todo lo que hacemos, las primeras veces no queda bien hecho; así es como aprendemos. Nada tiene que estar perfecto para que Dios lo use y lo bendiga.

Los siervos genuinos hacen toda tarea con igual dedicación. Cualquier cosa que los siervos hagan, la hacen con todo su corazón (Colosenses 3: 23). El tamaño de la tarea es irrelevante. El único asunto es, ¿necesita ser hecha? 

Nunca llegará a un nivel en su vida en el que usted es tan importante que no puede ayudar con las tareas insignificantes. Dios nunca lo eximirá de lo mundano. Es una parte vital de su currículo de carácter. La Biblia dice: ”Si crees que eres demasiado importante para ayudar a alguien, sólo te estás engañando a ti mismo. En realidad eres un don nadie” (Gálatas 6:3). Es en estos pequeños servicios que crecemos como Cristo. 

Jesús se especializó en tareas insignificantes que todos evitaban hacer: lavó los pies, ayudó niños, preparó desayunos, sirvió a los leprosos. Nada era indigno de ser hecho por él, porque vino a servir. No fue a pesar de su grandeza que hizo estas cosas, sino por ella, y él espera que sigamos su ejemplo (Juan 13:15).

Las tareas insignificantes muy a menudo demuestran un gran corazón. Su corazón de siervo se revela en los actos pequeños que otros no piensan en hacer, como cuando Pablo recogió la leña para una fogata para que todos se calentaran después de un naufragio (Hechos 28: 3). El estaba tan exhausto como el resto, pero él hizo lo que todos necesitaban. Ningún trabajo será indigno de ser hecho por usted cuando tiene un corazón de siervo.

Las grandes oportunidades a menudo se esconden en las tareas pequeñas. Las cosas pequeñas de la vida determinan las grandes. No busque cómo hacer grandes tareas para Dios. Solamente haga las cosas que no son tan grandes, y Dios le asignará lo que sea que quiere que haga. Pero antes de intentar hacer lo extraordinario, trate de servir de maneras ordinarias (Lucas 16: 10-12).

Siempre habrá más personas dispuestas a hacer cosas “grandes” para Dios que personas dispuestas a hacer las cosas pequeñas. La carrera para ser líderes siempre está atestada de gente, pero el campo está amplio y abierto para aquellos que desean ser siervos. Algunas veces sirve hacia arriba, a aquellos en autoridad, y algunas veces sirve hacia abajo, a aquellos en necesidad. Sea como sea, usted desarrolla un corazón de siervo cuando está dispuesto a hacer cualquier cosa que se necesite hacer.

Los siervos genuinos son fieles en su ministerio. Los siervos acaban sus tareas, cumplen con sus responsabilidades, cumplen sus promesas y completan sus compromisos. No dejan un trabajo a medias y no claudican cuando se sienten desanimados. Son dignos de confianza y se puede depender en ellos.

La fidelidad siempre ha sido una rara cualidad (Salmo 12:1; Proverbios 20:6; Filipenses 2: 19-22). La mayoría de las personas no conocen el significado del compromiso. Hacen compromisos casualmente, y después los rompen por la razón más insignificante sin ningún titubeo, sin sentirse culpables o sin remordimiento. Cada semana, las iglesias y otras organizaciones tienen que improvisar porque los voluntarios no se prepararon, no llegaron o ni siquiera llamaron para decir que no iban a venir.

¿Pueden otros contar con usted? ¿Ha hecho promesas que necesita pagar, votos que necesita cumplir o compromisos que necesita honrar? Esta es una prueba. Dios está probando su fidelidad. Si pasa la prueba, está en buena compañía: Abraham, Moisés, Samuel, David, Daniel, Timoteo y Pablo fueron llamados siervos fieles de Dios. Y mejor aún, Dios ha prometido recompensar su fidelidad en la eternidad. Imagínese como se sentirá cuando un día Dios le diga: “Bien hecho, mi buen siervo fiel. Has sido fiel en manejar esta pequeña cantidad, por lo tanto, ahora te daré muchas más responsabilidades. ¡Vamos juntos a celebrar!” (Mateo 25: 23).

Dicho sea de paso, los siervos fieles nunca se jubilan. Sirven fielmente mientras tengan vida. Usted se puede jubilar de su profesión, pero nunca se jubila de servir a Dios.

Los siervos genuinos son modestos. Los siervos no se promueven a sí mismos o tratan de atraer la atención a sí mismos. En lugar de actuar para impresionar y de vestirse como si fueran personas exitosas, se ponen “el delantal de la humildad para servir a otros” (1 Pedro 5:5). Si son reconocidos por su servicio, lo aceptan humildemente pero no permiten que la notoriedad los distraiga de su trabajo. 

Pablo denunció un tipo de servicio que parece ser espiritual pero que en realidad es una apariencia, un exhibicionismo, un acto para atraer la atención. El lo llamó “servir para ser visto” (literalmente, “servir al ojo”), servir para impresionar a las personas con lo espiritual que somos (Efesios 6: 6; Colosenses 3:22). Este fue el pecado de los fariseos. Ellos convirtieron el ayudar a otros, el dar e incluso el orar en una actuación para otros. Jesús odiaba esta actitud y nos advirtió: “Cuando hagan buenas obras, no sean exhibicionistas. Si lo hacen, no recibirán ninguna recompensa de su Padre en el cielo” (Mateo 6:1).

La autopromoción y el servicio no tienen nada en común. Los siervos genuinos no sirven para recibir la aprobación o el aplauso de otros. Viven para la audiencia de Uno. Como Pablo dijo: “Si todavía estuviera tratando de complacer a los hombres, no sería un siervo de Cristo” (Gálatas 1:10).

No encontrará a muchos siervos genuinos en el centro de la atención pública; de hecho, la evitan cuanto sea posible. Están contentos con servir silenciosamente en las sombras. José es un gran ejemplo. Nunca atrajo la atención a sí mismo, sino que calladamente sirvió a Potifar, después a su carcelero, y después al panadero y al copero del faraón. Cuando el faraón le dio un puesto de prominencia, José siguió manteniendo un corazón de siervo, aún con sus hermanos que lo habían traicionado.

Desdichadamente, muchos líderes en la actualidad empiezan como siervos pero acaban siendo celebridades. Se vuelven adictos a la atención, inconscientes de que ser siempre el centro de atención es como un rayo de luz directo a los ojos que los ciega. 

Puede que esté sirviendo en la oscuridad en algún lugar pequeño, sintiéndose desconocido e inapreciado. Escúcheme: ¡Dios lo puso donde está con un propósito! El tiene contado cada cabello de su cabeza y sabe dónde vive. Es mejor que se quede donde está hasta que El escoja moverlo. El le hará saber si lo quiere en otro lado. Su ministerio es importante para el reino de Dios. “Cuando Cristo… se manifieste otra vez en la tierra, ustedes se manifestarán también (el verdadero tú), el glorioso tú. Mientras tanto, conténtense que son desconocidos” (Colosenses 3: 4).

La notoriedad no significa nada para siervos genuinos porque conocen la diferencia entre ser prominente y ser significante. Usted tiene ciertas características prominentes en su cuerpo que no necesita para vivir. Son las partes ocultas de su cuerpo las que son indispensables (1 Corintios 12: 22-24). Lo mismo es verdad del Cuerpo de Cristo. El servicio más significativo es a menudo el servicio más invisible.

En el cielo, Dios va a recompensar en público a algunos de sus siervos más escondidos y desconocidos, personas de las que nunca hemos oído en la tierra, que enseñaron a niños emocionalmente trastornados, que asearon a ancianos incontinentes, que cuidaron a pacientes con SIDA y que sirvieron inadvertidamente en miles de otras maneras.

Sabiendo esto, no se desanime cuando su servicio es desapercibido o cuando no lo tomen en cuenta. ¡Siga sirviendo a Dios! “Entréguense de lleno al trabajo del Señor confiando que nada de lo que hacen por él es un desperdicio de tiempo o esfuerzo” (1 Corintios 15:58). Dios nota hasta el más pequeño servicio y lo recompensará. Recuerde las palabras de Jesús: “Si como mis representantes dan aunque sea un vaso de agua a un pequeño, ciertamente serán recompensados” (Mateo 10: 42).


Pensando En Mi Propósito.

Un Punto Para Reflexionar: Sirvo a Dios al servir a otros.

Versículo Para Recordar: “Les aseguro que Dios no se olvidará de premiar al que dé un vaso de agua fresca a uno de mis seguidores, aunque se trate del menos importante” Mateo 10: 42 (TLA).

Pregunta Para Considerar: ¿Cuál de las seis características de un siervo genuino me presenta con el mayor desafío?


Sería de muchísima ayuda el que me ayuden a compartir estas entradas en sus redes o con un “rebloggear” para que muchas personas también puedan contestarse estas preguntas.

Chaz Chaz – Efraín Alvarado

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