40 días: Jornada 34; Propósito 4.

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PROPOSITO # 4: USTED FUE MOLDEADO PARA SERVIR A DIOS.

“Después de todo, ¿quién es Pablo, y quién es Apolos? Sólo servidores por medio de los cuales ustedes han creído, según lo que a cada uno le concedió el Señor. Yo sembré, y Apolos regó, pero el crecimiento lo ha dado Dios”. 1 Corintios 3: 5-6 (Reina Valera Contemporanea).

Día 34: Pensando Como Un Siervo.

“En cambio, a mi siervo Caleb, que ha mostrado una actitud diferente y me ha sido fiel, le daré posesión de la tierra que exploró, y su descendencia la heredará.”. Números 14: 24 (NVI).
“La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús”. Filipenses 2: 5 (NVI).

El servicio empieza en su mente. Ser siervo requiere un cambio mental, un cambio en sus actitudes. Dios siempre está más interesado en por qué hacemos algo que en lo que hacemos. Las actitudes cuentan más que los logros. El rey Amasías perdió el favor de Dios porque “él hizo lo correcto en los ojos del Señor, pero no con un verdadero corazón” (2 Crónicas 25: 2). Los siervos genuinos sirven a Dios con una mentalidad que tiene cinco actitudes.

Los siervos piensan más en otros que en sí mismos. Los siervos se enfocan en otros, no en ellos mismos. Esta es la verdadera humildad: no que pensemos menos de nosotros mismos sino que pensemos menos en nosotros mismos. Se olvidan de sí mismos. Pablo dijo: “Olvídense de ustedes mismos por un tiempo para que extiendan una mano ayudadora” (Filipenses 2: 4). Esto es lo que significa “perder la vida”: olvidarse de usted mismo en el servicio de otros. Cuando dejamos de enfocarnos en nuestras propias necesidades, nos hacemos conscientes de las necesidades a nuestro alrededor.

Jesús “se vació de sí mismo al tomar la forma de un siervo” (Filipenses 2: 7). ¿Cuándo fue la última vez que usted se vació de usted mismo para el beneficio de otro? No puede ser un siervo si está lleno de sí mismo. Es sólo cuando nos olvidamos de nosotros mismos que hacemos las cosas que merecen ser recordadas.

Desgraciadamente, bastante del servicio que hacemos es a menudo para servirnos a nosotros mismos. Servimos para hacer que le gustemos a otros, para ser admirados o para lograr nuestras metas. Eso es manipulación, no ministerio. Mientras servimos así, lo que hacemos en realidad es sólo pensar en nosotros mismos todo el tiempo, qué noble y qué maravillosos que somos. Algunas personas tratan de usar su servicio como un instrumento para hacer tratos con Dios: “Dios, haré esto por ti, si haces esto por mí.” Los siervos genuinos no tratan de usar a Dios para sus propios propósitos. Dejan que Dios los use para Sus propósitos.

Esta capacidad de olvidarnos de nosotros mismos, como la fidelidad, es extremadamente rara. De todas las personas que Pablo conocía, Timoteo fue el único ejemplo que Pablo podía dar (Filipenses 2: 20-21). Pensar como siervo es difícil porque reta el problema básico de mi vida: soy, por naturaleza, egoísta. En lo que más pienso es yo. Por eso es que la humildad es una lucha diaria, una lección que tengo que aprender una y otra vez. Las oportunidades de ser siervo me confrontan docenas de veces al día, en las que se me da la escogencia de decidir entre satisfacer mis necesidades o las necesidades de otros. Negarse a uno mismo es el centro de lo que significa ser un siervo.

Podemos medir nuestro corazón de siervo por medio de cómo respondemos cuando otros nos tratan como siervos. ¿Cómo reacciona cuando lo ignoran o le dan órdenes o lo tratan como inferior? La Biblia dice: “Si alguien se aprovecha injustamente de ustedes, usen la ocasión para practicar la vida de siervo” (Mateo 5: 41).

Los siervos piensan como administradores, no como dueños. Los siervos recuerdan que Dios es el dueño de todo. En la Biblia, un mayordomo era un siervo encargado de administrar toda una hacienda. José fue esa clase de siervo cuando era prisionero en Egipto. Potifar puso a José encargado de toda su casa. Después el carcelero puso a José encargado de la cárcel. Eventualmente el faraón puso a José encargado de toda la nación. El servicio y la administración van juntos (1 Corintios 4: 1), ya que Dios tiene la expectación de que seamos dignos de confianza en ambos. La Biblia dice: “La cosa más importante que se requiere de tales siervos es que sean fieles a su dueño” (1 Corintios 4: 2) ¿Cómo está administrando los recursos que Dios le ha encargado?

Para hacerse un siervo genuino tendrá que resolver el asunto del dinero en su vida. Jesús dijo: “Ningún siervo puede servir a dos señores… no puede servir a Dios y al Dinero” (Lucas 16: 13). El no dijo, “No debería” sino que “No puede.” Es imposible. Vivir para el ministerio y vivir para el dinero son dos metas que se excluyen mutuamente. ¿Cuál va a escoger? Si es un siervo de Dios, no puede pasarse todo su tiempo ganando dinero. Todo su tiempo le pertenece a Dios. El insiste en una lealtad exclusiva, no en una fidelidad parcial.

El dinero tiene el mayor potencial de reemplazar a Dios en su vida. Más personas son desviadas del servicio por el materialismo que por un ninguna otra cosa. Dicen, “Después que logre mis metas financieras, voy a servir a Dios.” Esta es una absurda decisión que la mentarán por la eternidad. Cuando Jesús es su Señor, el dinero es su siervo, pero si el dinero es su Señor, se hace su esclavo. La riqueza ciertamente no es pecado, pero fallar en usarla para la gloria de Dios sí lo es. Los siervos de Dios siempre están más preocupados por el ministerio que por el dinero.

La Biblia es muy clara: Dios usa el dinero para probar su fidelidad como siervo. Por eso es que Jesús habló más del dinero que del cielo o del infierno. Él dijo, “Si no han sido dignos de confianza en el uso de las riquezas del mundo, ¿quién confiará en ustedes con las verdaderas riquezas? (Lucas 16:11) Cómo administra su dinero afecta cuánto Dios bendice su vida.

Los Edificadores de Riquezas continúan amasando riquezas para ellos mismos no importa cuanto ganen; pero los Edificadores del Reino cambian las reglas del juego. Siguen tratando de hacer todo el dinero que puedan, pero lo hacen para compartirlo. Usan sus riquezas para financiar la iglesia de Dios y su misión en el mundo.

Los siervos piensan en su trabajo, no en lo que otros están haciendo. No se comparan, critican o compiten con otros siervos o ministerios. Están demasiado ocupados haciendo el trabajo que Dios les ha dado.

La competencia entre los siervos de Dios es ilógica por muchas razones: todos estamos en el mismo equipo; nuestra meta es que Dios se vea bien, no nosotros mismos; hemos sido dados diferentes tareas; y todos hemos sido moldeados de una manera única. Pablo dijo: “No nos compararemos a otros como si uno de nosotros fuera mejor y el otro peor. Tenemos cosas muchísimas más interesantes que hacer con nuestras vidas. Cada uno de nosotros es un original”  (Gálatas 5: 26).

No hay lugar para celos infantiles entre los siervos. Cuando está ocupado sirviendo, no tiene tiempo para criticar. Todo el tiempo usado en criticar a otros es tiempo que puede ser usado para ministrar. Cuando Marta se quejó a Jesús que María no le estaba ayudando con su trabajo, perdió su corazón de sierva. Los siervos genuinos no se quejan de lo inmerecido, no se llenan de autocompasión y no se resienten de aquellos que no quieren servir. Simplemente confían en Dios y siguen sirviendo.

No es nuestro trabajo evaluar a otros siervos del Señor. La Biblia dice “¿Quién eres tú para criticar el siervo de otro? El Señor determinará si su siervo ha sido exitoso” (Romanos 14: 4). Tampoco es nuestro trabajo defendernos de la crítica. Deje que su Señor maneje eso. Siga el ejemplo de Moisés, que mostró verdadera humildad ante su oposición, así como también lo hizo Nehemías, cuya respuesta a sus críticos fue simplemente: “Mi trabajo es demasiado importante para que lo pare ahora y… que los visite” (Nehemías 6: 3).

Si sirve como Jesús, puede esperar ser criticado. El mundo, e incluso gran parte de la iglesia, no entiende lo que Dios valora. Uno de los actos de amor más bellos demostrado a Jesús fue criticado por los discípulos. María tomó la cosa más valiosa que poseía, un perfume caro, y lo derramó sobre Jesús. Su servicio extravagante fue llamado “un desperdicio” por los discípulos, pero Jesús lo llamó “significativo” (Mateo 26: 10) y eso era todo lo que importaba. Su servicio para Cristo nunca es desperdiciado, no importa lo que otros digan.

Los siervos basan su identidad en Cristo. Porque recuerdan que son amados y aceptados mediante la gracia, los siervos no tienen que probar lo que valen. Voluntariamente aceptan trabajos que gente insegura consideraría debajo de la dignidad de ellos. Uno de los ejemplos más profundos de servir con un autoconcepto seguro es cuando Jesús le lavó los pies a sus discípulos. Lavar los pies era el equivalente a ser un lustradador de zapatos, un trabajo sin status. Pero Jesús sabía quién era y por lo tanto, ese trabajo no afectó su concepto de sí mismo. La Biblia dice: “Jesús sabía que el Padre había puesto todas las cosas bajo su poder, y que había venido de Dios… entonces se levantó de la cena, se quitó su manto y se ciñó una toalla a la cintura” (Juan 13: 3-4).

Si va a ser un siervo, tiene que consolidar su identidad en Cristo. Sólo las personas seguras de sí mismas pueden servir. Las personas inseguras siempre andan preocupadas de cómo lucen a otros. Temen que se descubrirán sus debilidades y se esconden bajo capas de orgullo protectivo y de pretensiones. Cuanto más inseguro sea, más querrá que otros le sirvan y más necesitará la aprobación de otros.

“Para que podamos servir a otros, tenemos que morir a ellos; esto es, tenemos que dejar de medir nuestro significado y valor con la regla de medir de otros… así nos hacemos libres para ser compasivos.”
Henri Nouwen.

Cuando basa su valor y su identidad en su relación con Cristo, es libre de las expectaciones de otros, y eso le permite verdaderamente servirlos mejor.

Los siervos no necesitan cubrir las paredes de su casa con placas y premios para validar su trabajo. No insisten en que sean llamados por títulos, y no se cubren con túnicas de superioridad. Los siervos encuentran los símbolos de status innecesarios, y no miden su valor por sus logros. “Puede que se alaben, pero la única aprobación que cuenta es la aprobación del Señor” (2 Corintios 10: 18).

Si alguien tuvo la oportunidad en su vida de hacer alarde de sus conexiones y de mencionar nombres, fue Santiago, el medio hermano de Jesús. El tenía las credenciales de haber crecido con Jesús como su hermano. Sin embargo, en la introducción de su carta, el simplemente se refirió a sí mismo como “un siervo de Dios y del Señor Jesucristo” (Santiago 1: 1). Cuanto más íntimo sea con Jesús, menos necesitará promocionarse.

Los siervos piensan en el ministerio como una oportunidad, no como una obligación. Disfrutan de ayudar a las personas, de satisfacer necesidades y de hacer su ministerio. Sirven al Señor con gozo (Salmo 100: 2). ¿Por qué sirven con gozo? Porque aman al Señor, porque están agradecidos por su gracia, porque saben que servir es el mejor uso de la vida y porque saben que Dios ha prometido una recompensa. Jesús prometió, “El Padre honrará y recompensará al que me sirva” (Juan 12:26). Pablo dijo: “El no olvidará lo duro que han trabajado por él y cómo han mostrado a él su amor al cuidar de otros cristianos” (Hebreos 6: 10).

Imagínese qué pasaría si tan sólo 10 por ciento de todos los cristianos en el mundo tomaran en serio su papel de siervos genuinos. Imagínese todo el bien que se podría hacer. ¿Está dispuesto a ser una de estas personas? No importa cuál sea su edad, Dios lo usará si empieza a actuar y a pensar como un siervo.

“Las únicas personas felices son aquellas que han aprendido a cómo servir.”
Albert Schweitzer.

Pensando En Mi Propósito.

Un Punto Para Reflexionar: Para ser un siervo tengo que pensar como un siervo.

Versículo Para Recordar: “La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús” Filipenses 2: 5 (NVI).

Pregunta Para Considerar: ¿Estoy generalmente más interesado en ser servido que en encontrar maneras de servir a otros?


Sería de muchísima ayuda el que me ayuden a compartir estas entradas en sus redes o con un “rebloggear” para que muchas personas también puedan contestarse estas preguntas.

Chaz Chaz – Efraín Alvarado

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