40 días: Jornada 35; Propósito 4.

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PROPOSITO # 4: USTED FUE MOLDEADO PARA SERVIR A DIOS.

“Después de todo, ¿quién es Pablo, y quién es Apolos? Sólo servidores por medio de los cuales ustedes han creído, según lo que a cada uno le concedió el Señor. Yo sembré, y Apolos regó, pero el crecimiento lo ha dado Dios”. 1 Corintios 3: 5-6 (Reina Valera Contemporanea).

Día 35: El Poder De Dios En Su Debilidad.

“Aunque fue crucificado en debilidad, ahora vive por el poder de Dios. Nosotros también somos débiles, al igual que Cristo lo fue, pero, cuando tratemos con ustedes, estaremos vivos con él y tendremos el poder de Dios”. 2 Corintios 13: 4 (NTV).
“Cada vez él me dijo: «Mi gracia es todo lo que necesitas; mi poder actúa mejor en la debilidad»”. 2 Corintios 12: 9a (NTV).

La vida está supuesta a ser compartida. La intención de Dios para nosotros es que experimentemos de apoyo de un grupo que nos ofrece aliento y al que nos hacemos responsables.

Dios se deleita en usar a las personas débiles. Todos tenemos debilidades. De hecho, usted tiene su lista de defectos e imperfecciones físicas, emocionales, intelectuales y espirituales. Es probable que tenga circunstancias incontrolables que le debiliten, tales como limitaciones financieras o relacionales. El asunto más importante es qué hace con esas circunstancias. Usualmente negamos nuestras debilidades, las defendemos, las excusamos, las escondemos y las resentimos. Esto previene que Dios las use de la manera que El desea.

Dios tiene una perspectiva diferente de nuestras debilidades. El dice: “Mis pensamientos y mis caminos son más elevados que los de ustedes” (Isaías 55: 9) por tanto a menudo El actúa en maneras que son exactamente opuestas a las que esperamos. Pensamos que Dios sólo quiere usar nuestras fortalezas, pero El también quiere usar nuestras debilidades para su gloria.

La Biblia dice: “Dios escogió deliberadamente… lo que el mundo considera débil, para avergonzar a los fuertes” (1 Corintios 1: 27 ). Sus debilidades no son un accidente. Deliberadamente Dios las permitió en su vida con el propósito de demostrar Su poder a través de usted.

Dios nunca se ha impresionado con la fuerza o la autosuficiencia. De hecho, a El lo atraen personas que son débiles y que lo admiten. Jesús consideró este reconocimiento de nuestra necesidad, como ser “pobre en espíritu.” Es la actitud número uno que Dios bendice (Mateo 5: 3).

La Biblia está llena de ejemplos de cómo Dios se deleita en usar a personas imperfectas y ordinarias para hacer cosas extraordinarias a pesar de sus debilidades. Si Dios sólo usara a personas perfectas, nunca se haría nada porque ninguno de nosotros es sin defecto. El hecho que Dios usa a personas imperfectas es muy alentador para todos nosotros

Una debilidad, o “un aguijón,”como lo llamó Pablo (2 Corintios 12: 7), no se trata de un pecado o un vicio o un defecto de carácter que se puede cambiar como la gula o la impaciencia. Una debilidad es cualquier limitación que heredó o que no tiene poder para cambiar. Puede ser una limitación física, como un impedimento, una enfermedad crónica, tener una bajo nivel de energía nato o una discapacidad. Puede ser una limitación emocional, tal como la cicatriz de un trauma, una memoria dolorosa, una idiosincrasia de personalidad o una disposición hereditaria. O puede ser una limitación intelectual o de talentos. No todos somos super inteligentes o talentosos.

Cuando piensa en la limitación en su vida, quizá se sienta tentado a concluir, “Dios nunca podría usarme.” Pero Dios jamás es limitado por nuestras limitaciones. De hecho, El se deleita en poner Su gran poder en vasos ordinarios. La Biblia dice: “Somos como vasos de barro en los que este tesoro ha sido puesto. El poder verdadero viene de Dios y no de nosotros” (2 Corintios 4: 7). Como vasos de barro, somos frágiles, con defectos y nos quebramos fácilmente. Pero Dios nos usará si le permitimos que trabaje por medio de nuestras debilidades. Para que eso ocurra, tenemos que seguir el modelo de Pablo.

Admita sus debilidades. Acepte sus imperfecciones. Deje de pretender que lo tiene todo bajo control y sea franco con usted mismo. En lugar de vivir en negación o de dar excusas, tómese el tiempo para identificar sus debilidades personales. Quizá quiera hacerse una lista de ellas.

Dos grandes confesiones en el Nuevo Testamento ilustran lo que necesitamos para vivir saludablemente. La primera fue la de Pedro, quien dijo a Jesús: “Tú eres el Cristo, el hijo del Dios vivo” (Mateo 16:16). La segunda confesión fue la de Pablo, quien le dijo a una multitud que literalmente lo estaba adorando: “Sólo somos seres humanos como ustedes” (Hechos 14: 15). Si quiere que Dios lo use, tiene que saber quién es Dios y tiene que saber quién es usted. Muchos cristianos, especialmente los líderes, se olvidan de la segunda verdad: ¡Sólo somos humanos! Si es necesario que pase por una crisis para admitir esto, Dios no vacilará en permitirla porque El lo ama.

Conténtese con sus debilidades. Pablo dijo: “Estoy alegre de gloriarme en mis debilidades, para que el poder de Cristo trabaje por medio de mí. Como sé que todo es para el bien de Cristo, estoy muy contento con mis debilidades” (2 Corintios 12: 9-10a). A primera vista, esto no tiene sentido. Queremos ser libres de nuestras debilidades, ¡no estar contentos con ellas! Pero estar contento es una expresión de fe en la bondad de Dios. Lo que dice es, “Dios, creo que me amas y creo que sabes qué es lo mejor para mí.”

Pablo nos da varias razones para estar contentos con nuestras debilidades natas. Primero, nos causan que dependamos en Dios. Refiriéndose a su propia debilidad, la cual Dios rehusó quitarle, Pablo dijo: “Estoy muy feliz acerca del ‘aguijón’… porque cuando soy débil, entonces soy fuerte – mientras menos tenga, más dependo de Él” (2 Corintios 12: 10). Cuando sea que se sienta débil, Dios le está recordando que dependa de El.

Nuestras debilidades también nos previenen de la arrogancia. Nos mantienen humildes. Pablo dijo: “Para que nada se me subiera a la cabeza, se me dio un impedimento para mantenerme en constante contacto con mis limitaciones” (2 Corintios 12: 7). A menudo Dios junta una gran debilidad con una gran fortaleza para mantener nuestros egos bajo control. Una limitación puede actuar como un regulador para prevenirnos de que vayamos muy rápido y de que nos adelantemos a Dios.

Cuando Gedeón reclutó un ejército de 32,000 soldados para pelear contra los madianitas, Dios lo redujo a 300, haciendo las probabilidades de victoria 450 a 1 cuando fueron a pelear contra 135,000 soldados enemigos. Parecía ser un plan para el desastre, pero Dios lo hizo para que Israel supiera que fue el poder de Dios, no su propia fuerza, lo que lo salvó.

Nuestras debilidades también nos motivan a tener comunión con otros creyentes. Mientras que la fortaleza genera un espíritu independiente (“No necesito a nadie”), nuestras limitaciones muestran cuánto nos necesitamos los unos a otros. Cuando juntos entretejemos los hilos débiles de nuestras vidas, se crea una cuerda de gran fuerza.

“Los cristianos, como copos de nieve son frágiles; pero cuando se juntan pueden parar el tráfico.”
Vance Havner.

Más que todo, nuestras debilidades aumentan nuestra capacidad para sentir simpatía y para ministrar. Nos sentimos más inclinados a ser compasivos y considerados de las debilidades de otros. Dios quiere que tenga un ministerio que refleje a Cristo en la tierra. Esto significa que otras personas van a encontrar sanación por medio de las heridas que ha sufrido. Sus mensajes de vida más impactantes y su ministerio de más efectividad procederán de sus heridas más profundas. Las cosas que más lo apenan, las que más lo avergüenzan y las que más duda en compartir son las herramientas exactas que Dios puede usar más poderosamente para sanar a otros.

“Todos los gigantes de Dios eran personas débiles.”
Hudson Taylor.

La debilidad de Moisés era su enojo. Lo condujo a que matara a un egipcio, que golpeara la roca cuando estaba supuesto a sólo hablarle y que quebrara las tablas de los Diez Mandamientos. Sin embargo, Dios transformó a Moisés en el hombre más humilde de la tierra (Números 12: 3).

La debilidad de Gedeón era su poca autoestima y sus profundas inseguridades, pero Dios lo transformó en un hombre poderoso y valiente (Jueces 6: 12). La debilidad de Abraham era el temor. No una vez, sino dos veces, dijo que su esposa era su hermana para protegerse. Pero Dios transformó a Abraham en el padre de todos los que tienen fe (Romanos 4: 11). Impulsivo y de voluntad débil, Pedro se convirtió en “una roca” (Mateo 16:18); David, el adúltero, se convirtió en un hombre conforme al corazón de Dios (Hechos 13:22) y Juan, uno de los arrogantes “Hijos Del Trueno”se convirtió en el “Apóstol Del Amor.”

Y la lista podría continuar. “Tomaría mucho tiempo hablarles de las historias de fe de… Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y de todos los profetas… sus debilidades fueron convertidas en fortalezas” (Hebreos 11: 32-34). Dios se especializa en convertir debilidades en fortalezas. El quiere tomar su mayor debilidad y transformarla.

Comparta francamente sus debilidades. El ministerio comienza con la vulnerabilidad. Cuanto más baje su guardia, se quite su máscara y comparta sus luchas, Dios será más capaz de usarlo en servir a otros.

Pablo modeló la vulnerabilidad en todas sus cartas. El compartió abiertamente:

  • Sus fracasos: “Cuando quiero hacer el bien, no lo hago, y cuando trato de no hacer el mal, de todas maneras lo hago” (Romanos 7: 19).
  • Sus sentimientos: “Les he dicho todos mis sentimientos” (2 Corintios 6:11).
  • Sus frustraciones: “Fuimos aplastados y completamente abrumados y pensamos que nunca saldríamos vivos” ( 2 Corintios 1: 8).
  • Sus temores: “Cuando vine a ustedes, me sentía débil y atemorizado y tembloroso” (1 Corintios 2: 3).

Por supuesto que ser vulnerable es un riesgo. Puede ser aterrador bajar sus defensas y abrir su vida a otros. Cuando revela sus fracasos, sus sentimientos, sus frustraciones y sus temores, se está arriesgando a que lo rechacen. Pero los beneficios hacen que valga la pena arriesgarse. La vulnerabilidad es emocionalmente liberadora. Abrirse le quita el estrés, neutraliza sus temores y es el primer paso a la libertad.

Ya hemos visto que Dios “le da gracia al humilde,” pero muchos mal interpretan la humildad. La humildad no es menospreciarse a sí mismo o negar sus fortalezas; es ser franco acerca de sus debilidades. Cuanto más franco sea, más recibirá la gracia de Dios. Recibirá también de la gracia de otros. La vulnerabilidad es una cualidad que atrae; nos sentimos atraídos naturalmente a personas humildes. La pretensión repele pero la autenticidad atrae, y la vulnerabilidad es el camino a la intimidad.

Por eso es que Dios quiere usar sus debilidades, no sólo sus fortalezas. Si todo lo que la gente ve son sus fortalezas, se desanimarán y pensarán, “Bueno, eso está bien para él, pero yo nunca seré capaz de hacer eso.” Pero cuando ven a Dios usándolo a pesar de sus debilidades, los anima a pensar, “¡Tal vez Dios puede usarme!” Nuestras fortalezas crean competencia, pero nuestras debilidades crean comunidad.

Va a llegar un momento en su vida en que tendrá que decidir si quiere impresionar a las personas o las quiere influenciar. Puede impresionar a las personas desde la distancia; pero tiene que acercárseles para influenciarlas, y cuando haga eso, podrán ver sus defectos. Y eso está bien. La cualidad esencial para el liderazgo no es la perfección sino la credibilidad. Las personas tienen que ser capaces de confiar en usted o no lo seguirán. ¿Cómo puede aumentar su credibilidad? No pretendiendo ser perfecto sino siendo franco. 

Gloríese de sus debilidades. Pablo dijo: “Voy a gloriarme sólo de lo débil que soy y de qué tan grande que es Dios para usar tanta debilidad para su gloria” (2 Corintios 12: 5b). En lugar de proyectarse como una persona segura de sí misma e invencible, véase como un trofeo de la gracia de Dios. Cuando Satanás le apunte sus debilidades, no lo contradiga sino que llene su corazón de alabanza para Jesús, que “entiende cada debilidad de nosotros” (Hebreos 4: 1a) y para el Espíritu Santo, que nos “ayuda en nuestras debilidades” (Romanos 8:26a).

Algunas veces, sin embargo, Dios convierte una fortaleza en una debilidad para usarnos aún más. Jacob era un manipulador que se pasó haciendo tramas y después huía de las consecuencias. Una noche luchó con Dios y le dijo, “No te dejaré ir hasta que me bendigas.” Dios dijo, “Está bien,” pero después agarró el músculo de Jacob y le dislocó su cadera. ¿Cuál es el significado de eso?

Dios tocó la fuerza de Jacob (el músculo del muslo es el más fuerte del cuerpo) y lo convirtió en una debilidad. Desde ese día en adelante, Jacob caminó cojeando de manera que nunca más se correría de nada. Lo forzó a depender en Dios le gustara o no. Si quiere que Dios lo bendiga y lo use grandemente, tiene que estar dispuesto a caminar cojeando por el resto de su vida, porque Dios usa a personas débiles.


Pensando En Mi Propósito.

Un Punto Para Reflexionar: Dios trabaja mejor cuando admito mi debilidad.

Versículo Para Recordar: “Cada vez él me dijo: «Mi gracia es todo lo que necesitas; mi poder actúa mejor en la debilidad»” 2Corintios 12: 9a (NTV).

Pregunta Para Considerar: ¿Estoy limitando el poder de Dios en mi vida al tratar de esconder mis debilidades? ¿En qué necesito ser transparente para que pueda ayudar a otros?


Sería de muchísima ayuda el que me ayuden a compartir estas entradas en sus redes o con un “rebloggear” para que muchas personas también puedan contestarse estas preguntas.

Chaz Chaz – Efraín Alvarado

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